LAS CONDICIONES DE UN “GREXIT”

Jacques Sapir, economista francésimages130

“Si Grecia fuese expulsada ​​de la zona euro, medida sin precedentes, que liberaría a Grecia de la obligación de respetar los tratados, al menos en el ámbito monetario. Esto no agota el tema. Está claro que las responsabilidades de Alemania serían entonces enorme, y que otros países podrían considerar seriamente la posibilidad de abandonar el euro, provocando su disolución”.

La cuestión de un posible “Grexit” se discutió de nuevo en la reunión del Eurogrupo, el sábado 11 de julio. Se parecería en realidad  a una expulsión de Grecia, a menos que el primer ministro se comprometa a presentar su “emisión”, a pesar de un voto masivo de confianza en el Parlamento en la noche del viernes al sábado, y a pesar del éxito del “no” en el referéndum del domingo 5 de julio.

Las condiciones de la salida de Grecia del Euro en caso de emergencia deben estudiarse considerando seriamente la posición de Alemania en el Eurogrupo. Si el bloqueo de las negociaciones del Eurogrupo persiste, y ante la mala fe desde ahora evidente de algunos interlocutores, entre los que es necesario contar a M. Schäuble, el ministro alemán de finanzas o el Sr. Dijsselbloem, el Presidente del Eurogrupo,  no se puede excluir un “Grexit” en la urgencia desde el inicio de la próxima semana.

Ante esta eventualidad Grecia estaría en una situación difícil, porque los bancos se están quedando sin dinero en efectivo, con problemas  de balance muy serios, y el Banco Central (o BOFG) no tiene reservas. Pero esta situación está lejos de ser insoluble y no debe asustar indebidamente al gobierno griego. Así que si un “Grexit” necesita urgentemente ser considerado será necesario abordar los siguientes problemas, que van desde las reservas del Banco Central de las liquideces  pasando por la cuestión de la deuda:

  1. La cuestión de las reservas del Banco Central

Se admite que una tasa de reservas en relación al PIB de 1.30 a 1.20 es suficiente para un país con una cuenta corriente (balanza de exportaciones-importaciones de bienes y servicios) que está en equilibrio. El PIB de Grecia es ahora 200 mil millones de euros, o aproximadamente $ 220 mil millones. Una proporción de 1:20 sería una suma de $ 11 mil millones. Elevamos a 20 mil millones esta suma para protegerse contra cualquier imprevisto. Este dinero podría provenir de varias fuentes:

  • El gobierno podría comprometer una porción de los recursos del turismo, que actualmente representa el 17% del PIB. La aplicación de una tasa del IVA al 23% en este sector (hoteles y restaurantes), los ingresos fiscales comprometidos representan $ 8500 millones. El gobierno podría emitir certificados comprometidos sobre esa cantidad.
  • Los griegos han sacado en los últimos meses más de 35 mil millones (equivalentes a 39 mil millones dólares). Tendrán que reintroducirlos en la circulación monetaria aunque solo sea para pagar los impuestos. En estas condiciones, el 20% de esta cantidad podría quedar afectada  a las reservas del Banco Central, o 7 mil millones.
  • Grecia podría pedir a los países con los que mantiene una buena relación un préstamo adicional de $ 5 mil millones.

Este dinero podría financiar un fondo de reserva de la nueva moneda. Teniendo en cuenta el equilibrio de la balanza corriente, sería suficiente para estabilizar la moneda. De hecho, y dada el cuasi-equilibrio de la balanza corriente, es probable que el fondo de reserva se utilizaría poco. Los controles de capital ya existentes pueden limitar las operaciones especulativas sobre la futura moneda griega.

  1. La cuestión de dinero en efectivo

Grecia está estrangulado por la falta de liquidez. Es un hecho bien establecido. Este estrangulamiento, la versión moderna del lazo de los asesinos otomanos, está totalmente conectado con la política del Banco Central Europeo. En respuesta, el gobierno griego podrá emitir pagarés a tres o seis meses, le daría curso legal y que aceptaría en el pago de impuestos. Esto permitiría a la economía recuperar la liquidez.

Pero, como dijimos en una nota anterior, la solución que se impone sería en realidad una requisición del Banco Central. Dicha requisición debe hacerse en el marco de los poderes de urgencia que el gobierno griego no dejaría de invocar si un “Grexit” se constata. Esta requisición permite, de manera temporal ya la espera de que se vote una nueva ley que precise la organización bancaria,  de poner  el BOFG bajo el control directo del Ministerio de finanzas y sustituir su actual director.

Esta operación permitiría al gobierno liberar las reservas retenidas sea en el BOFG sea bajo control de la BOFG en los bancos comerciales. De todos modos, en el caso de una salida del euro, la requisición del Banco Central se impone. Mediante la combinación de estos dos métodos, el gobierno griego podría aflojar el vínculo que hoy le estrangula. También mostraría a todos los agentes, ya sean griegos o extranjeros, su resolución para recuperar el control de su moneda y su destino.

  1. El tema de la deuda

El problema de la deuda griega se plantea inmediatamente. Esta deuda es grande en relación con el PIB, lo que representa € 341 mil millones. En caso de depreciación de la nueva moneda, es evidente que el peso de esta deuda, que ya pesa  enormemente sobre Grecia, se incrementaría. Esta deuda fue emitida en Bruselas y Frankfurt como parte de los planes de asistencia que fueron en realidad planes de transferencia de los créditos que tenían los bancos privados hacia los Estados de la Zona Euro. Esta es una diferencia importante con la deuda de Francia o Italia, la deuda que se emite en condiciones mucho más normal y que en su mayoría (más del 97% en el caso de Francia) está  emitida en el derecho nacional.

En el caso de Grecia, el problema es que – en estas condiciones especiales – la lex monetae no se aplica. No hay otra solución que el default de la deuda, como lo hizo Rusia en 1998. Una vez se realice el default , la  condición del reconocimiento de la deuda (20 o 30% de su valor nominal) podrá ser discutido. Pero es muy importante que el gobierno griego anuncie el default sobre su deuda, al mismo tiempo establece que el euro no puede ser moneda de curso legal en su territorio. De hecho, la cuestión del cambio de moneda y del default están estrechamente vinculados.

  1. La cuestión de los bancos comerciales

Los bancos comerciales griegos, en el caso de un impago de la deuda y una ruptura con el BCE, estarán en bancarrota. La cantidad necesaria para la recapitalización está valorada actualmente en 25 millones de euros por el FMI. Se trata de una suma considerable. Estos bancos comerciales tendrán que ser nacionalizados pero, inspirándose en el ejemplo de Islandia, el gobierno griego haría bien en no recapitalizarlos plenamente.

De hecho, la parte de la “banca de inversión” debe dejarse a sí mismo y tiene que ir a la quiebra. Por el contrario la parte de la banca de circulación debe ser salvada. Esta parte puede operar bajo el control del Estado, con la garantía de los depósitos de la población a través de una ayuda excepcional aportada por el Banco Central, el BOFG, que ha sido requisado previamente. Esta parte tendrá que ser recapitalizada y el gobierno debería  declarar un préstamo obligatorio para todos los hogares que ganan más de 60.000 euros al año, préstamo cuyos intereses serían igual a la inflación.

Estas son las medidas que serían necesarias si Grecia fuese expulsada ​​de la zona euro, medida sin precedentes, que liberaría a Grecia de la obligación de respetar los tratados, al menos en el ámbito monetario. Esto no agota el tema. Está claro que las responsabilidades de Alemania serían entonces enorme, y que otros países podrían considerar seriamente la posibilidad de abandonar el euro, provocando su disolución. Pero, hoy, lo urgente es mostrar el camino que Grecia puede seguir para que este “Grexit” pase lo mejor posible, incluso eventualmente demandar al BCE y Alemania.

Jacques Sapir

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