La izquierda y el euro

eu dicadura2Íñigo Echeñique, dirigente sector crítico de CC.OO

No ha habido un golpe de estado, formalmente, en Grecia, pero los hechos del pasado verano y sus consecuencias ponen en cuestión la viabilidad de las propuestas progresistas de salida de la crisis económica enunciadas por la izquierda europea. La tragedia social y el empobrecimiento permanente de los trabajadores griegos no tienen el dramatismo de los tanques en la calle y la represión brutal, pero nos plantean un problema de importancia estratégica similar, hasta el punto de cuestionar que la izquierda tenga una alternativa. No la tenían, desde luego, Syriza y Tsipras.

El golpe de estado de Pinochet en Chile supuso un mazazo brutal para las vías democráticas al socialismo y provocó un debate en la izquierda transformadora de los países democráticos y avanzados: si ganar las elecciones no era suficiente –pero sí imprescindible-, ¿qué condiciones eran necesarias para dar pasos realistas en el camino de la superación del capitalismo? Sin salirnos de Italia, el compromiso histórico de Berlinguer o las posiciones de Rossana Rossanda fueron respuestas diferentes ante el problema.

No ha habido un golpe de estado, formalmente, en Grecia, pero los hechos del pasado verano y sus consecuencias ponen en cuestión la viabilidad de las propuestas progresistas de salida de la crisis económica enunciadas por la izquierda europea. La tragedia social y el empobrecimiento permanente de los trabajadores griegos no tienen el dramatismo de los tanques en la calle y la represión brutal, pero nos plantean un problema de importancia estratégica similar, hasta el punto de cuestionar que la izquierda tenga una alternativa. No la tenían, desde luego, Syriza y Tsipras.

En este tema –como en muchos otros- me viene a la cabeza el debate crucial para el conjunto de la izquierda que tuvo como escenario el VI Congreso Confederal de CC.OO. en 1996. A principios de los 90; tras una serie de huelgas espectaculares como la de la enseñanza y, sobre todo, la huelga general del 14 de diciembre, ambas en 1988; CC.OO. gozaba de enorme prestigio entre los trabajadores y en el conjunto de la sociedad. Como fruto más genuino y novedoso de la lucha antifranquista había sabido aunar capacidad de lucha y propuesta, flexibilidad organizativa y fortalecimiento institucional, pero paralelamente se había producido una burocratización que muchos no habíamos sido capaces de detectar y que pronto empezó a notarse también en la escasa voluntad de confrontación con el gobierno de Felipe González.

Cuando repaso los documentos que 19 miembros del Consejo Confederal presentamos para el VI Congreso, todavía me asombro de su vigencia y de la capacidad colectiva que tuvo una buena parte del sindicato para proponer medidas que hubieran cambiado muchas cosas: desde la limitación de mandatos para los puestos dirigentes y los liberados sindicales; la defensa de un sindicalismo reivindicativo, fuerte y democrático que no perdiera su carácter sociopolítico; o la nítida posición que se proponía respecto a la Europa de Maastricht y la moneda única[1]. Como se sabe, aquel congreso se saldó con la victoria –cuajada de trampas y represión- de las tesis más conformistas, la esclerotización de la estructura organizativa y la dejación constante en la defensa de los intereses de los trabajadores. Todo ello se simbolizó en la defenestración del histórico luchador antifranquista y fundador de CC.OO. Marcelino Camacho y la postergación hasta niveles inauditos –desalojo policial incluido- de los miembros del sector crítico –que, pese a todo, había alcanzado una altísima representación- encabezado por Agustín Moreno y Salce Elvira.

Respecto a la cuestión europea, los críticos –de la mano, entre otros, de Pedro Montes y el inolvidable Jesús Albarracín- hicimos una propuesta nítida:

“La gran diferencia entre el espacio económico que configura el mercado y la moneda únicos con el que conforma un país, ambos con libertad absoluta de comercio y movilidad de los factores productivos, es que dentro de las fronteras de cada Estado existen unas leyes laborales y sociales uniformes y existe un presupuesto estatal con una enorme capacidad para redistribuir la renta, personal y geográficamente, en el conjunto del territorio. (…) Antes del nacimiento de la moneda común, la reducción del paro y las condiciones sociales y laborales mínimas deben quedar garantizadas tanto legal como económicamente. (…) La contrapartida consecuente al mercado y la moneda únicos es la existencia de una política fiscal y un presupuesto único y común en los Estados de la UE.”

No parece que nadie sensato –incluso de derechas, si esas dos características pueden reunirse en una misma persona- tenga hoy dudas respecto a las consecuencias nocivas en el más alto grado que han tenido las políticas de austeridad inherentes al establecimiento de una moneda única en las condiciones en que se adoptó. Es uno de los motivos por los que considero crucial aquel congreso. Si el mayor sindicato de España hubiera tenido una política clara de rechazo al euro, probablemente la izquierda no se hubiera desarmado ideológicamente de la manera en que lo ha hecho. Porque desgraciadamente esta situación llega hasta el presente.

Entre las organizaciones políticas progresistas es I.U. la única que ha venido haciendo un análisis crítico del proceso europeo, pero nunca ha llegado a plantear como necesaria la salida del euro. Todas las ponencias que se presentan a la XI Asamblea de IU son enormemente críticas con la U.E. y la moneda única, pero, tras más de 20 años de debate, no adoptan una posición clara al respecto.

El documento titulado Revolución democrática, presentado por Izquierda Abierta, estima que “vencieron las tesis que consideraron el proceso de construcción de la UE como una oportunidad para poner fin a los estados del bienestar y a la extensión de derechos sociales. La cuestión ha dejado de ser la de “empujar para hacer posible ‘más Europa’”. En realidad, habría que decir que esa formulación fue, en general, una manera de justificar el proceso de integración realmente existente eludiendo más preguntas sobre el mismo.”

Sorprendentemente, después de semejante diagnóstico, la conclusión es: “Apostamos por la refundación democrática y participativa de este proyecto.” Tema resuelto.

Una IU para un nuevo país, la ponencia suscrita por Alberto Garzón y otros compañeros, considera que “la Unión Europea es irreformable e incompatible con la soberanía de los pueblos y con cualquier tipo de política social transformadora. Las estructuras de la UE están diseñadas por y para los intereses del capital financiero, y su integración en la OTAN la convierte en un aliado del imperialismo que hoy intenta someter a los pueblos de todo el planeta para apoderarse de los recursos naturales e imponer políticas regresivas y antipopulares”.

Tras esa contundencia, la ponencia nos indica que “reducir nuestro planteamiento a una salida unilateral del euro y de la UE sin más, podría llevarnos a caer en una posición izquierdista y poco comprensible para la mayoría social. No obstante, si algo podemos afirmar es que el problema de Europa va mucho más allá de una moneda. Las crisis, las desigualdades que existen entre los distintos territorios de la UE y, sobre todo, entre las clases sociales, no nacen con la moneda única sino que son inherentes al capitalismo.”

Da la impresión de que finalmente el tema no es tan importante y, sobre todo, evita adoptar una posición clara. ¿Estamos por la salida del euro –unilateral, multilateral, pactada, brusca, suave,…- o no lo estamos? Incluso parece recurrir a la política del miedo cuando dice que “es absolutamente imprescindible que, llegado el momento, estemos dispuestas (sic) a asumir las consecuencias que una política de soberanía económica y en favor de los intereses de las clases populares pueden acarrear, como la expulsión de nuestro país de la Unión Europea.” Entiendo que si alguna vez tenemos la oportunidad de tomar esa decisión, y lo hacemos, será porque consideramos que sus consecuencias son positivas o, al menos, no tan negativas como las de permanecer en el sistema euro.

Por otra parte: ¿hay un consenso social para emprender un proceso constituyente, proclamar la III República o acabar con el capitalismo, cosas, todas ellas, planteadas en su documento por Garzón? Como es natural, ahora estamos fijando nuestra posición y tendremos que ver cómo conseguimos que sea mayoritaria en la sociedad. Lo mismo sucede con el euro, sólo que en este caso llevamos 20 años evitando pronunciarnos con claridad.

IU, sí; con más fuerza nos dice, por su parte que debemos abordar el debate “con la serenidad suficiente como para buscar un amplio consenso que quizás pueda pasar por impulsar el Plan B[2] como una propuesta de mínimos que pueda ir ampliándose en el futuro”. Además, “la permanencia en el euro plantea una intervención permanente de nuestra soberanía en beneficio de los intereses colectivos de los capitales nacionales europeos. El BCE no es un prestatario neutral de liquidez-de último recurso para los Estados.”

Considera que “la posición de IU no debe ser favorable a una ruptura unilateral con el euro, aunque destacamos que la unión monetaria exacerba las dificultades para salir del marco neoliberal en el que se configura la política de nuestro Estado.”

Resulta incomprensible permanecer en el euro cuando tiene efectos tan negativos.

En un artículo reciente[3], señalaba Pedro Montes que el PCE sí “apuesta ineludiblemente por organizar la salida del euro”. Así consta, en efecto, en los documentos aprobados en su reciente XX Congreso que se inscribe en el proceso que conduce a la Asamblea de IU que se celebrará dentro de unos días. Pero el asunto se complica, precisamente, en esta última organización, ya que el partido comunista se ha comprometido pública e internamente con el documento suscrito, entre otros muchos, por el previsible próximo líder de IU y militante comunista Alberto Garzón que he comentado anteriormente. Parecería así que el PCE vuelve a la clandestinidad y adopta una posición que no es capaz de defender en público ni siquiera en el seno de Izquierda Unida, con lo que seguiríamos en una situación en que ningún partido político de la izquierda española con representación parlamentaria mantendría públicamente la necesidad de una pronta salida del euro.

Mientras escribía estas líneas he consultado el correo electrónico y veo que acabo de recibir un mensaje del secretario de organización del PCE en el que se solicita el voto para el documento de Garzón, con la excepción de la tesis 8 (Europa: diagnóstico y posición ante el proyecto de integración europeo, y en concreto, ante el actual modelo de integración definido en la Europa del euro).

En este caso, el PCE pide el voto para “la tesis alternativa propuesta por Andalucía y País Valenciano”. No encuentro en la página de votación que podemos empezar a utilizar desde esta noche (26 de mayo; 00:00 horas) una enmienda alternativa del País Valenciano, pero sí una de “IU x LA BASE: Andalucía”. Si es esta la posición que el PCE va a defender en la Asamblea de IU, solo cabe felicitarse, ya que se trata de la enmienda elaborada por Pedro Montes, Julio Anguita y otros en la que se defiende sin lugar a dudas la necesidad urgente de salir del euro para que una política favorable a los trabajadores empiece a ser posible.

No parece que esta haya sido la posición inicial de la dirección del PCE, aunque no tengo ningún conocimiento directo de sus discusiones internas, sino que este apoyo público de última hora puede deberse a la presión de los militantes. En ese caso, su valor sería todavía mayor y espero que sea asumida plena y sinceramente por la Asamblea de IU, cerrando así un largo camino de 20 años en el que al fin se impondría que es imposible mantener el sistema euro y sustraerse a sus consecuencias.

 

 

Íñigo Echenique

 

[1] El 15 de diciembre de1995, un mes antes de la celebración del congreso, se había aprobado la creación de una moneda única, con el nombre de “euro”, que no echó a andar internacionalmente hasta 1999 y no tuvimos en nuestras manos hasta el 1 de enero de 2002.

[2] El Plan B contra la austeridad por una Europa democrática no apuesta por la salida del euro.

[3] Una nueva posición sobre la salida del euro. Pedro Montes. Socialismo XXI

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