Another Europe is possible another UE is not

Foto-Íñigo-160x160“No se entiende por qué sería una tragedia la implosión de la UE para quien defiende que es antidemocrática, incompatible con la soberanía de los pueblos y con cualquier tipo de política social transformadora y, además, irreformable”.

Íñigo Echenique, profesor y dirigente CCOO

Desde que en la madrugada del 24 de junio se conocieron los resultados del referéndum en el Reino Unido, una avalancha mediática se abatió sobre la jornada de reflexión de las elecciones españolas, llenando el espacio de voces que se rasgaban las vestiduras ante la tropelía cometida por el pueblo británico. En los medios de comunicación más usuales, sean televisiones o radios, periódicos digitales o en papel, se imponía el pensamiento único. Sin resistencia, sin matices.

La victoria del Brexit sería así una catástrofe para la izquierda, la derecha o el centro; los ricos, la clase obrera o la llamada clase media. Si los argumentos eran diversos, no así la conclusión. Es incuestionable que, independientemente de la influencia que haya podido tener en los resultados electorales españoles, el no a la UE ha sido utilizado conscientemente contra Unidos Podemos, señalando las dudas que genera la coalición en cuanto a su política europea.

Es llamativo que, estando a favor del “leave[1] numerosos diputados conservadores y laboristas, prestigiosos intelectuales progresistas, reputados economistas de izquierdas, diversos grupos significativos en la izquierda británica y, en definitiva, la mayoría de los votantes, los medios españoles hayan sido incapaces de encontrar a uno solo de ellos que pudiera dar una visión diferente. Se trataba de criminalizar a quienes están descontentos con la UE y para ello era necesario “echar la culpa”, en exclusiva, a los xenófobos y racistas británicos. ¿Tantos hay?

Salvo por el abuso totalitario de los medios de comunicación -¿no podrían haber dejado un 20% para otras opiniones?, ¿y un 10%?, ¿tampoco el 0,5%?-, que ha impedido cualquier atisbo de pluralidad, no cabe culpar a los grandes empresarios o financieros; al PSOE, PP o C’s; a La Razón, El País, El Mundo o ABC por defender su posición favorable a una determinada visión de Europa: la UE.

Es la contradictoria y acomplejada posición de Podemos, Izquierda Unida o Equo la que permite, en definitiva, que este discurso único se abra paso, incluso entre los votantes, simpatizantes, afiliados ¡y dirigentes! de todas estas formaciones.

Empecemos diciendo que la izquierda es internacionalista y debe luchar denodadamente para recuperar ante la opinión pública y sus propios simpatizantes el concepto de una Europa unida.

Fue Altiero Spinelli, militante comunista encarcelado por el régimen fascista italiano desde 1926 -con solo 19 años- hasta 1943, quien concibió en 1941, junto con otros dos antifascistas desterrados, el manifiesto titulado “Hacia una Europa libre y unida”, conocido posteriormente como Manifesto di Ventotene[2] por haber sido redactado clandestinamente en la pequeña isla italiana de ese nombre en la que permanecían confinados.

Pero no se trató solo de un lírico canto de unión, sino que pretendía dotar a Europa de sólidos contenidos retomando “de pleno el proceso histórico contra la desigualdad y los privilegios sociales”; proponiendo una revolución europea que “deberá ser socialista y deberá proponerse la emancipación de las clases trabajadoras”; estableciendo el principio fundamental del socialismo, “según el cual las fuerzas económicas no deben dominar a los hombres, sino ser sometidas, guiadas, controladas por el hombre, del modo más racional hasta que las grandes masas dejen de ser víctimas”; abordando el tema de la propiedad privada, que “debe ser abolida, limitada, corregida o extendida caso por caso, no dogmáticamente de acuerdo a un principio”; sustrayendo al sector privado “las industrias eléctricas, mineras, grandes institutos bancarios y empresas de armamento, las grandes empresas con capacidad de extorsionar al estado,…”; eliminando el derecho de sucesión; promoviendo la reforma agraria e industrial “que extienda la propiedad a los trabajadores en sectores no estatalizados”; promoviendo una sociedad en que “ninguno será forzado por la miseria a aceptar contratos de trabajo injustos”; … y aboliendo los Pactos de Letrán, el vergonzoso concordato suscrito entre Mussolini y Pío XI.

Spinelli fue un impulsor incansable del federalismo, diputado europeo por el PCI en varias legislaturas y, finalmente, impulsor del denominado “Plan Spinelli” (1984) con el que se pretendía dotar a Europa de un gobierno único que respondiese ante el parlamento y el pueblo europeos. Pese a obtener un amplio respaldo parlamentario, no prosperó.

En su lugar se adoptó el Tratado de Maastricht por el que se creaba la UE convirtiéndola en el proyecto del neoliberalismo para Europa. Los planes de convergencia puramente macroeconómicos, la creación de una moneda única sin fiscalidad común, los recortes sociales y la falta casi absoluta de democracia han sido las características más destacadas de la UE. Casi cada vez que los pueblos europeos han sido llamados a pronunciarse en referéndum –Francia, Holanda, Irlanda,…, ahora Gran Bretaña- han contestado negativamente.

La respuesta de la burocracia europea ha sido demoledoramente antidemocrática: cambiar algunos detalles del texto y “pasarlo” por el correspondiente parlamento nacional sin realizar una nueva consulta. Si unimos a todo ello las consecuencias del sistema euro sobre los países con menor riqueza -especialmente en tiempos de crisis económica, como hemos visto en Grecia y en todos los países del sur- y la insolidaridad con los refugiados que la misma UE ha provocado, es legítimo que concluyamos que la actual UE nada tiene que ver con la Europa soñada en Ventotene.

Sin embargo, observamos que muchos dirigentes de la izquierda actúan acomplejados y son incapaces de reclamarse como los principales defensores de una Europa de los pueblos y, precisamente por ello, los enemigos más consecuentes de la UE neoliberal y antidemocrática.

Se puede afirmar en las tesis de la última Asamblea de IU que “el ejemplo griego ha certificado que la Unión Europea es irreformable e incompatible con la soberanía de los pueblos y con cualquier tipo de política social transformadora”, y sostener dos semanas más tarde, como ha hecho Alberto Garzón en un debate televisado, que el avanzado programa social de Unidos Podemos es compatible con el euro.

La eurodiputada y responsable del área internacional de IU, Marina Albiol, puede describir en un artículo[3] sobre el Brexit, con tintes dramáticos, las negativas consecuencias para los trabajadores de la política de la UE para, a renglón seguido, concluir que “los resultados del referéndum son una mala noticia, pues la solución no puede ser una salida en clave nacional liderada, además por los sectores más reaccionarios de la sociedad”.

Es de nuevo Garzón quien advierte en una carta a los militantes de IU de que las políticas de la UE son “responsables del crecimiento de la frustración y rabia de las clases populares, lo que ha alimentado el crecimiento de la extrema derecha en toda Europa y amenaza con hacer implosionar el proyecto de la Unión Europea, como acabamos de ver en el Reino Unido”.

No se entiende por qué sería una tragedia la implosión de la UE para quien defiende que es antidemocrática, incompatible con la soberanía de los pueblos y con cualquier tipo de política social transformadora y, además, irreformable.

El hecho de que la frustración y rabia de las clases populares esté reforzando a la extrema derecha es, desde luego, extremadamente preocupante, pero solo podrá combatirse eficazmente cuando la izquierda sea consecuente con sus propios análisis y consiga hacer hegemónica la idea de que luchar contra la UE es hacerlo en defensa de la Europa social que los trabajadores anhelan.

Hay en España un apoyo muy extendido a la permanencia en la UE, identificada como símbolo del final del aislamiento español en que nos sumió la dictadura franquista, y se queja IU de lo difícil que es “combatir el consenso ideológico del neoliberalismo”. No le falta razón, pero precisamente por ello hay que afinar bien los argumentos para defenderlos con nitidez y rotundidad.

Si debido a las dificultades se renuncia a un discurso propio o se transmite el miedo al Brexit o al Spainxit, ¿cómo va a ser posible que los trabajadores españoles tengan una visión diferente de la que machaconamente se transmite desde los medios de comunicación?

Si se acepta una línea divisoria en la que de un lado están los contrarios al Brexit –la European Round Table of Industrialists[4] (ver carta abierta), el Partido Popular Europeo, el Partido Socialista Europeo, todos los partidos españoles (¿incluida la coalición Unidos Podemos?), las organizaciones sindicales burocratizadas,…- , y del otro la extrema derecha populista, xenófoba y racista, ¿no se está haciendo un regalo incalculable a esta última?, ¿no se está renunciando a tener una política propia y cediendo graciosamente a la burocracia europea la hegemonía sobre el propio concepto de Europa?

Dicho en términos más “podemitas”, ¿no debería la izquierda española, y también los transversales de Podemos, combatir para conectar el significante “Europa” con el significado que le atribuyó Spinelli en Ventotene?

Mientras ese “significante” esté vacío o sea propiedad privada de las élites burocráticas, económicas y financieras, el significante “anti UE” tendrá como único contenido el chovinismo, la xenofobia y el racismo y será propiedad exclusiva de la extrema derecha.

La salida unilateral y con contenidos xenófobos no puede entusiasmar a nadie, pero no se evitará sumándose, aunque sea a regañadientes, al bloque pro-UE. Sería más deseable que la UE fuera sustituida de forma consensuada y “suave” por una auténtica Europa de los pueblos, pero no se puede fiar la estrategia de la izquierda a ese deseo ingenuo.

Dado que la UE es irreformable, saquemos sin miedo todas las consecuencias de esa afirmación: Unidos Podemos -o, al menos, Izquierda Unida- debe proclamar con claridad su europeísmo siguiendo uno de los lemas que ha popularizado la izquierda británica favorable al Lexit[5]: Another Europe is possible, another UE is not[6].

“La hegemonía no es un concepto que se refiera a la capacidad de vender un producto en el mercado electoral, sino más correctamente a la capacidad de extender una alternativa concepción del mundo, cultural y social y por eso anclada en la vida cotidiana de las clases populares.

Ese trabajo sólo se puede lograr con organización y con ideología, es decir, con compromiso colectivo y con proyecto político. Nuestra organización es la mejor preparada para esa función, y no vamos a fallar”, nos recuerda Alberto Garzón en la ya citada carta.

Es muy grande la responsabilidad de la nueva generación de dirigentes políticos de la izquierda española, cuyos méritos son muchos, pero se equivocaría si no saca todas las consecuencias de este imprescindible aserto de Garzón. La claridad en la cuestión europea va a ser, quizá, la piedra de toque de una auténtica posición alternativa y autónoma que dé un sentido político a las luchas de los pueblos de Europa.

[1] Abandono de la UE, frente a “remain” (permanencia)

[2] Ver el original del Manifiesto en la página 30 de este documento.

[3] El Brexit no es la respuesta a una UE austericida y antidemocrática, Marina Albiol, El diario.es, 24-VI-16

[4] La European Round Table of Industrialists agrupa a las 50 mayores empresas europeas y dirigió una carta abierta a la opinión pública interviniendo directamente, contra su costumbre, en una campaña política para posicionarse contra el Brexit.

[5] Left+exit=salida por la izquierda. Término acuñado por el pensador británico de izquierdas Owen Jones

[6] Otra Europa es posible; otra Unión Europea, no.

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