Salvar a la UE del Euro, la trampa del extremismo neoliberal

descargapor Stefano Fassina, economista y diputado del Partido Democrático Italiano

Recientemente tuvo lugar en Ventotene ,Italia, una cumbre entre el primer ministro Renzi, la canciller Merkel y el presidente Hollande . Cuestiones cruciales estaban en la agenda: los conflictos geopolíticos en las fronteras de la Unión Europea; la seguridad interna; los flujos migratorios; el crecimiento económico.

El fuerte viento de la retórica, sobre los ideales de los padres fundadores de la Unión Europa, refrescó la reunión. Pero, se avanzó cero en el análisis de las razones que están en el origen de la desintegración de la UE actualmente en curso.

Al igual que el “sonambulismo” de las élites en el período previo a la Primera Guerra Mundial, las clases dominantes de Europa continúan sin reconocer la realidad a pesar de que esta ha enviado mensajes contundentes. Reflejo de los acontecimientos políticos , al otro lado del Atlántico, el voto a favor del Brexit ilustra la falta de sostenibilidad económica, social y democrática del orden neoliberal para las familias trabajadoras y la clase media.

En los Estados Unidos y en el Reino Unido – donde el sentimiento anti-sistema es mayor – tanto por la derecha (Reagan y Thatcher) como por la izquierda (Clinton y Blair), implementaron con mayor ferocidad las políticas neoliberales. En este contexto, el Brexit en 2016 podría representar para el neoliberalismo lo que la caída del muro de Berlín represento para el socialismo en 1989.

A pesar que la evidencia mira a la cara de líderes y funcionarios , el debate en la Unión Europea y en la zona euro se mantiene prisionero de un conformismo europeísta, como si la cultura, los tratados y la agenda política impulsada por la integración europea – aún en marcha- no esté profundamente enraizado en el programa del neoliberalismo.

El neoliberalismo ha fracasado, pero su manifestación más extrema, la zona euro, sigue como de costumbre. Seguimos escuchando invocaciones retóricas a los Estados Unidos de Europa o, a “más Europa” solicitando un ministro de Hacienda para la zona euro.

En la izquierda es aún peor ( también en una parte significativa de la llamada “izquierda radical”) lo que se propone es una democratización completamente irreal de la Unión Europea y, el que se atreve a exponer la insostenibilidad de la moneda única proponiendo ir más allá del euro con el fin de salvar a Europa, es excomulgado por ser soberanista, neo-nacionalista, populista y , por tanto partidario de Grillo, Salvini, Le Pen y Farage.

La pobreza del análisis que subyace en la agenda política es verdaderamente vergonzosa, sobre todo en el campo socialista, a pesar de las posiciones adoptadas por los principales economistas progresistas. La semana pasada, un autoridad intelectual, un icono de la izquierda, que no es , por ningún motivo, sospechoso de ser anti-europeo, Joseph Stiglitz, proporcionó una explicación detallada de lo insostenible del orden económico y social de la zona euro.

En el libro “El Euro: ¿Como amenaza la moneda común el futuro de Europa” , el premio Nobel de economía explica cómo y porqué el euro produce dinámicas divergentes entre los países participantes, genera estancamiento y, en el mejor de los casos, gracias a una política monetaria desesperada, apuntala precarios equilibrios con un alto nivel de desempleo.

En suma, la contracción o depresión prolongada de la economía de la zona euro no es el resultado de una respuesta inadecuada a una crisis exógena o la consecuencia de gobiernos nacionales fiscalmente irresponsables, es el producto de la propia fisiología del sistema-euro, porque el sistema está basado en la desvalorización permanente del factor trabajo.

El problema fundamental de la zona euro no es la austeridad. El problema es que hemos “constitucionalizado” una versión extrema del neoliberalismo que ni siquiera los conservadores triunfantes, en los buenos tiempos de Reagan y Thatcher, se hubieran atrevido imponer: los Estatutos del BCE por un lado y el pacto fiscal en el otro – copia de las leyes de la devaluación del trabajo comenzado en Alemania por las “reformas Hartz”- son con mucho, el acto más antieuropeo perpetrado en la era post-guerra dentro de la UE.

En el papel existen soluciones para re-dirigir la moneda única en favor de los trabajadores. Un buen resumen de ellas se encuentran en el libro de Stiglitz: Imponer estrictas regulaciones a los flujos de capital y a la banca obligándola a dar servicio a la economía real y reestructurando la deuda pública. Sacar de los baúles un pacto fiscal con el fin de financiar un New Deal ecológico para aumentar los ingresos en los países con excedentes comerciales.

El problema, claro para el profesor Stiglitz pero desapercibido por los discípulos incondicionales del sueño de los Estados Unidos de Europa (de Altiero Spinelli) es la total ausencia del consenso mínimo requerido para aprobar medidas que son obligatorias. Por desgracia, no existe un soñado “demos “europeo: el “demos” es nacional como resultado de profundas raíces culturales, históricas y sociales. En otras palabras, la democracia o es nacional o no lo es.

En este contexto, es ridículo que los países periféricos de la zona euro choquen con Berlín por unas pocas décimas de un punto porcentual de déficit fiscal. Entonces se imponen nuevas medidas que promueven aún más la devaluación de los salarios en un intento de mejorar la competitividad con el propósito de ganar mercado en los países vecinos.

Esta política, recomendada y puesta en práctica en todos los países del euro, es inútil para mejorar la posición relativa de la economía nacional. Pero ha resultado muy eficaz deprimiendo la demanda interna en la zona del euro, perpetuando el estancamiento , empujando a las familias trabajadoras y a las clases medias a las garras de fuerzas nacionalistas-xenófobos. Además, al vincular el miedo y la inseguridad generada por los ataques terroristas a los flujos de inmigración, se está transformando en la tormenta perfecta.

Por difícil que sea, el debate político debe enfrentarse con la verdad, por muy incómoda para muchos de nosotros hay que discutir las alternativas al euro. Los líderes europeos progresistas deben encontrar la valentía intelectual y política para aceptar que el euro fue un error político de proporciones históricas y concretar un camino para salir de esta trampa con el fin de revitalizar la democracia, promover el pleno empleo, el trabajo decente y reducir la desigualdad.

El profesor Stiglitz articula un par de alternativas a la actual postura de “salir del paso”: un “divorcio amistoso” para llegar a un euro del norte de Europa y un euro del sur de Europa; una salida de Alemania y sus satélites de la zona euro.

El sonambulismo mercantilista de quienes siguen cegados a Alemania es suicida no sólo para la zona euro, también la Unión Europea en su conjunto.

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