“El euro es una camisa de fuerza que no permite alternativas”

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El periodista Andy Robinson entrevista a los autores del nuevo libro The Econocracy., Joe Earle, Cahal Moran y Zach Ward-Perkins (Manchester University Press, 2017)

El Brexit -sostienen- es la consecuencia de una radical desconexión entre élites y excluidos. Por un lado, está la ciudadanía, consciente de la injusticia de la situación económica más desigual de la historia después de la gran crisis financiera y su injusta resolución. La gente intuye que algo falla pero es incapaz de comprender el rebuscado lenguaje económico de los expertos y por tanto elige el lenguaje de soberanía y nación.

En el otro rincón, tenemos una tecnocracia globalizada, formada en facultades que solo enseñan las esotéricas teorías de la escuela neoclásica, y que ocultan una ideología cuya meta principal es mantener el statu quo de extrema desigualdad: hace falta democratizar la enseñanza y el debate y educar a los ciudadanos, una suerte de campaña de alfabetización económica.

Los miembros de este innovador y atrevido movimiento estudiantil, nacido en 2012 con la creación del grupo Post-Crash Economics en la Universidad de Manchester, se ha extendido por diversas universidades británicas. Hay grupos ya en 14 de ellas, y en unas cuantas más en Europa.

Mediante la campaña de “Rethinking economics” -Repensando las ciencias económicas-, reivindican una enseñanza plural de la economía, que incorpore al currículo una amplia gama de teorías heterodoxas y ortodoxas, desde la austriaca al keynesianismo, la feminista y la ecológica. Abogan también por la democratización del debate económico mediante la creación de programas de enseñanza ciudadana.

Tanto en el Brexit como en la victoria de Trump, la gente está haciendo caso omiso a lo que aconsejan los economistas…

Cahal Moran: Desde luego. Estamos en plena rebelión contra los expertos. Es el resultado del fracaso de una forma muy centralizada de entender las ciencias económicas y la economía; la campaña a favor de permanecer en la UE contaba con el apoyo del establishment económico en su totalidad, que nos advirtió sobre las consecuencias negativas de votar por el Brexit para el PIB, para el comercio, etcétera. Solo uno de cada 23 economistas apoyó el Brexit, según un sondeo de The Observer.

¿Ha ganado un populismo peligroso?

C. M. Creo que es cierto que hay elementos populistas que son motivo de preocupación. Pero hay que entender que esto es un backlash, un contragolpe a los expertos. Michael Gove, uno de los líderes de la campaña del Brexit, comparó a los economistas con científicos nazis…. Y esto obviamente es excesivo. Esa falta de respeto me parece absurda. Estamos en una sociedad compleja y necesitamos expertos, médicos, abogados y economistas para ayudarnos a navegar. Sin embargo, los expertos tienen que entender que este backlash está causado por los fallos garrafales que han cometido. Sobre todo durante la crisis financiera, cuando quedó claro que muchos economistas no entendían de economía tanto como ellos creían. Los expertos deberían tomar ese rechazo muy en serio y no tildar a los que votan el Brexit de integristas o xenófobos.

Joe Earle. El Brexit pone de manifiesto la brecha entre las élites, normalmente urbanas, y el resto. Las élites son los dueños del lenguaje de las ciencias económicas y el resto del país se siente excluido…

¿Por qué les parece que tantos británicos optaron por no hacerles caso?

C. M. Porque en muchos casos esta visión de la economía neoclásica que es dominante no es relevante para la gente. Por ejemplo, el crecimiento del PIB es el indicador más usado. Pero es importante tener en cuenta que Londres y el sureste, las únicas regiones inglesas que votaron a favor de la UE, son las únicas cuyo PIB per cápita es mayor ahora que antes de la crisis financiera. En el resto del país la renta sigue por debajo del nivel de 2007, cuando alcanzó su pico antes de la crisis. Eso son 10 años sin crecimiento. Si no vives en Londres ¿por qué te va a interesar lo que los expertos dicen del crecimiento del PIB?

Cualquiera que sea su punto de vista sobre el Brexit, ahora se está debatiendo sobre cosas que antes no se abordaban. ¿Creen que este es un momento en el cual puede haber ese rethinking del que hablan?

C. M. Sí. Seguro. El Brexit ya es una realidad. Y creo que es una oportunidad para nuestros grupos. Para que decidamos, según el eslogan de la campaña del Brexit, “es el momento de tomar el control”. Y establecer una relación entre los expertos y el público más progresista. Una de las lecciones de la crisis es que no deberíamos esperar a que el establishment actúe; hay que ofrecer la respuesta desde abajo.

¿Cuál podría ser esa forma de tomar el control?

C. M. La clave es restablecer la relación entre los expertos y la ciudadanía. Una forma es la educación. Antes teníamos una enseñanza pública de ciencias económicas en el área local, pero eso ya no existe. Por eso tenemos una situación en la que la gente no entiende conceptos básicos como el PIB o la inflación. La ciudadanía tiene que alcanzar un mayor grado de comprensión de las ciencias económicas para que entendamos cuáles son las necesidades y las prioridades de los diferentes grupos de ciudadanos. Por otro lado, hay que actuar en el ámbito de la política. Hay que crear un proceso de consulta con los ciudadanos y hay que incorporar el pluralismo a la enseñanza de las ciencias económicas y al debate sobre las políticas que se deberían poner en marcha.

J. E. Necesitamos una nueva clase de ciencias económicas de interés público que eduque, comunique e involucre a la ciudadanía para que podamos establecer un lenguaje compartido y crear nuevos espacios de debate. Nosotros lo estamos intentando hacer.

¿Es más fácil que esto ocurra tras el Brexit?

J. E. El Brexit ha puesto de manifiesto el fracaso de la élite. Fue un golpe contra un gobierno tecnócrata en una econocracia y contra los expertos. Fue la primera vez que esos argumentos económicos de la tecnocracia, argumentos de miedo, no funcionaron. Pero la cuestión ahora es saber si el estilo tecnocrático de la política va a volver a imponerse. Tiene muchas posibilidades porque vamos a tener un proceso largo y complejo de negociaciones a puerta cerrada. Si, en cambio, el Brexit da lugar a un proceso más amplio de discusión pública y a un debate sobre qué clase de valores y estructuras queremos establecer, sería un gran paso adelante. Serviría para para diseñar nuestro futuro económico colectivamente.

¿Es más difícil hacer este rethinking dentro de la UE y la zona euro?

C. M. Sí. Sin lugar a dudas. El BCE es una burla en lo que se refiere a la transparencia. Por lo menos el Banco de Inglaterra publica el contenido de sus reuniones. El BCE, no. Jugó un papel muy negativo en la eurocrisis. El euro es una camisa de fuerza que no permite plantear alternativas. Es más difícil para los ciudadanos españoles ejercer presiones sobre el BCE u otras instituciones europeas que para los británicos en su relación con el Banco de Inglaterra.

¿Cuál sería la clase de ciencias económicas más relevante para los problemas a los que hacemos frente? ¿Están intentando elaborar nuevas ideas?

C. M. Creo que esas ideas ya existen. El mensaje principal de la incitativa estudiantil es el pluralismo. Porque las teorías alternativas han sido excluidas sistemáticamente. Por ejemplo, las ideas de  explican perfectamente la crisis de 2008. Es cuestión de dar espacio a esas ideas. Pero en las facultades de Económicas no hay espacio para ideas diversas.

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