¿El “salvamento del Banco Popular” nos va costar algo a los ciudadanos?

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Entrevista al economista Pedro Montes sobre la situación del Banco Popular y el sistema financiero español (I y II partes)

“Nuestro sistema bancario no está en condiciones de resistir perturbaciones significativas si el clima general se degrada”

Salvador López Arnal Rebelión

En un artículo reciente hablabas del oscurantismo que domina todo el mundo financiero y, en particular, el sistema bancario. ¿A qué tipo de oscurantismo hacías referencias? ¿Qué esconde ese oscurantismo? ¿Hablabas de España o en términos más generales?

Oscurantismo, opacidad, falta de transparencia. Con ello quiero referirme a la impenetrabilidad que tiene un sistema financiero y el balance en particular de una entidad. Caben arreglos, manipulación, maquillaje, al punto de que la distorsión entre la situación real y aparente de una institución financiera pueden ser radicalmente distintas. De hecho, cuando una de ellas entra en liquidación es porque esa distorsión ya no es sostenible. ¿Cuánto tiempo puede pasar entre que un banco ya no es solvente y su quiebra efectiva cuando se desata el pánico una vez que se hacen públicas sus dificultades? ¿Cuántas veces ocurre que una institución declara beneficios y cuando se investiga registra pérdidas manifiestas? Añade paraísos fiscales, secreto bancario, empresas interpuestas y todo ello arroja un cuadro cuya verdadera realidad es desconocida.

Por lo demás, la actividad financiera son operaciones que no producen nada (aunque sean rentables), es todo inmaterial, que se concentran en el balance.

Sí, sí, desde luego, a veces nos olvidamos de cosas básicas.

Las empresas productivas fabrican pan, arreglan automóviles, venden toneladas de cemento, etc. etc., tienen unos ingresos y pagos que pueden contabilizarse. Los movimientos de un banco son absorbidos por un misterioso balance y desentrañarlo es tarea complicada, tanto que se necesita de especialistas muy cualificados. Todo esto se refiere a cualquier sistema bancario, pero en lo últimos años se han registrado convulsiones inmensas, a las que no ha sido ajeno el sistema crediticio español, originando una situación donde las tentaciones de engaño y manipulación se han acrecentado muy considerablemente, y ya se sabe que las tentaciones son irresistibles.

Sí, en la mayoría de los casos.

¿Qué ha ocurrido en el banco Popular? Ya sé que la pregunta da para un libro pero te pido una resumen, lo más esencial. ¿Ha sido grave lo sucedido? ¿Cómo se ha resuelto si se puede hablar en estos términos?

El banco Popular ha sido una de las principales víctimas de la disparatada hiperactividad inmobiliaria de los años previos a la crisis. Cuando hablamos de la burbuja inmobiliaria nos referimos al exagerado nivel de crecimiento y ocupación en el sector de la construcción y el fraudulento y especulativo proceso alcista de los precios. Para sostenerla era necesaria una financiación desorbitada y hubo entidades crediticias que intervinieron con más moderación que otras, figurando el banco Popular como una de las más activas entre estas, sobrecargando su balance con demasiados préstamos hipotecarios y facilitando la especulación que se dio entonces sobre el suelo. Sobrevenida la crisis, el estallido de la burbuja, operó una regla elemental: cuanto más se estaba comprometido con el sector inmobiliario más grave tenía que hacer la conmoción interna en cada una de las entidades crediticias. Por lo que se sabe, el banco Popular había ganado puestos de privilegio en el ranking.

¿Qué papel han jugado las autoridades monetarias europeas y las autoridades españolas? ¿El Banco de España ha estado a la altura de las circunstancias?

Las autoridades europeas no han intervenido nada más que una vez estallada la crisis. En su génesis todo fue un asunto interno y lo más grave que cabe decir es que el Banco de España nunca se enteró, o nunca se preocupó de la evolución del sector inmobiliario y los créditos para su financiación. No recuerdo haber leído ningún informe en el que se criticase la insostenible trayectoria de la construcción de viviendas y las hipotecas.

Viva el desarrollismo pensó el Banco de España, que nunca ha querido amargarle la vida a los gobiernos de turno. No era cuestión, ni de siquiera matizar, el “España va bien” del guerrero Aznar. Sobrevenida la crisis, las autoridades monetarias europeas han contribuido con 40.000 millones de euros, 40.000 millones de deuda pública de préstamos para el rescate de los bancos en crisis, debiéndose subrayar lo del rescate dada la obstinación del gobierno por no reconocerlo.

Efectivamente, no hay forma, su relato no es ese. Nunca hablan en esos términos.

Los compromisos públicos han sobrepasado ampliamente esa cantidad, si bien el montante global de esos compromisos y la forma que revisten no los tengo suficientemente claros: la disparidad de cifras es enorme y la opacidad cobra en este asunto tintes densos, que el gobierno no tiene interés en clarificar.

Ha sido a partir de la creación de la unidad bancaria europea y el Mecanismo Único de Supervisión y Resolución a partir de 2015 cuando las autoridades monetarias europeas han pasado a intervenir directamente en las crisis internas bancarias, y en el caso español con la disolución del banco Popular. Para los que venimos defendiendo la recuperación de la soberanía económica, esta intervención representa una nueva cesión cuyas ventajas no se manifiestan, porque la disolución del banco Popular se ha hecho de forma bastante brutal, valorando en cero, o por ser precisos en 1 euro, todo el capital propio de la entidad.

Y los motivos…

No están claros los motivos de esta decisión ni mucho menos la actuación previa del Banco de España y la CNMV, que han permitido hasta muy última hora ampliaciones del capital con información falsa. Las querellas legales están a la orden del día. Y darán mucho ruido, con juicios contra los responsables (ahora mismo se está juzgando el caso Bankia con peticiones de cárcel elevadas para Rato y sus cómplices), aunque no cabe esperar el resarcimiento económico de las víctimas.

En resumen, pues, ni las autoridades monetarias europeas y ni las españolas han estado a la altura de las circunstancias siendo su intervención muy discutible.

Pero el Popular, si no ando errado, había sido considerado uno de los bancos más rentables del mundo y, además, había pasado y superado controles recientes. ¿No es muy raro entonces que haya pasado lo que estás explicando? ¿La crisis, su crisis, está cerrada?

Eso se ha dicho durante mucho tiempo, que el Popular era uno de los bancos más rentables y solventes del mundo, pero la crisis bancaria ha ocurrido y todo ha podido cambiar radicalmente, si bien, que no se detectasen sus debilidades potenciales pone sordina a la credibilidad de los informes técnicos tan demagógicamente propagados y exaltados cuando así conviene.

Los llamados test de estrés, que corresponden a las autoridades monetarias europea, se habían superado con nota, y, en efecto, esa es otra anomalía del caso Popular, que será un punto de apoyo a las reivindicaciones de las 300.000 víctimas de su desaparición. Las secuelas jurídicas tardarán tiempo en resolverse, caben demandas de investigación, se estudiará con más profundidad y se podrá clarificar algo lo acontecido, pero creo que el banco ha desaparecido, es un caso cerrado. El Santander inmediatamente ha puesto sus zarpas depredadoras y será imposible quitarle su presa.

¿No hay ahora otro banco español, el Liberbank, que también está en dificultades? Aquí parece que la Comisión Nacional de Valores ha actuado con más prontitud y ha prohibido las ventas a corto plazo. Por lo demás, ¿no era tan sólido el sistema financiero español?

Como regla general no hay que creer nunca al gobierno del PP. Mienten y engañan con una desfachatez inmensa. Niegan lo evidente manteniendo un rostro impasible. Cuando se inició la crisis hablaban impertérritos de la solvencia y solidez de nuestro sistema crediticio, y ya ves cuál era la consistencia de esta afirmación.

Por cautela justificada no hay que pensar que la crisis bancaria está superada. Citas el caso del Líberbank, pero puede haber otros, y sobre todo hay tantas incógnitas sobre la evolución financiera interna e internacional que no se puede descartar nada. Lo de la operaciones de bolsa a corto suspendidas por un mes para ese banco es un parche insignificante. Su futuro dependerá de su situación real que para mí es desconocida.

Te cito: “El llamado “agujero” resulta de muy difícil precisión, y cabe estimarlo en unos 17.000 millones de euros si se acepta la solución dada que elimina de un golpe todo el capital propio de la entidad, que podrían ser unos 10.000 millones el 6 de junio, y exigirá al banco de Santander una emisión de acciones por unos 7.000 millones de euros para afrontar la adquisición que ha llevado a cabo”. Comparado con otros casos, Bankia, Catalunya Caixa, no parece una situación tan, tan desastrosa

Me atreví a dar una estimación del llamado agujero, unos 17.000 millones de euros, por dar un orden de magnitud más que con la pretensión de acertar. Es una cifra, aunque sea aproximada, bastante importante. El euro, con un valor nominal tan fuerte contra la peseta, no nos permite aprehender intuitivamente la magnitud de las cifras económicas, pero esos 17.000 millones equivalen a casi 3 billones de pesetas.

Conviene recordar ese valor en pesetas.

Por supuesto, prosigo, no son comparables a los 25.000 millones de euros implicados en la recuperación de Bankia o en las decenas de miles que ha costado hasta ahora el saneamiento del sector crediticio, pero no se puede negar la importancia de la cifra. Representa esta un nuevo y severo descalabro que sólo por equiparación nos puede parecer liviano.

¿Cabían otras soluciones? ¿Qué soluciones? Desde un punto de vista ciudadano, ¿cuál habría sido la mejor en tu opinión?

Nunca un problema de esta naturaleza tiene una solución unívoca. Se ha descargado todo el peso en los propietarios de acciones y bonos convertibles, pero bien cabría haber dado algún valor a las acciones y matizarlo por tramos de modo que los pequeños propietarios, que en última instancia deben considerarse pequeños ahorradores, habrían salvado parte de sus inversiones. La opción tomada deja a los depositantes indemnes, y bien podrá ocurrir que los modestos accionistas resulten gravemente perjudicados mientras que acaudalados depositantes no corran con daño alguno.

Había un problema de fondo de solvencia y otro de liquidez. La solución creo más ecuánime habría sido que el Estado interviniera el banco, que se comprometiera a garantizar todos los depósitos, con lo cual se habrían detenido el pánico y la avalancha de retiradas de dinero, y luego incurrir en los costes del saneamiento del balances.

El banco se habría convertido así en una entidad nacionalizada que podría ser el germen de una banca pública poderosa, como también lo pudo ser Bankia, que tras las ayudas recibidas, aunque también pertenece al Estado, se traspasó su gestión a manos privadas. Esta diferencia entre la gestión pública y privada tiene un trasfondo ideológico considerable, y desde el punto de vista material, de recursos financieros disponibles, otorgaría al Estado un gran poder para ejecutar una u otra política económica y de intervención en eso tan reclamado de un nuevo modelo productivo.

Tienes razón. Habría sido una excelente forma de iniciar una banca pública.

En el caso que nos ocupa, de modo inconcebible, se otorga al Santander la propiedad y la gestión de un entramado bancario muy apreciable en términos de clientes activos y pasivos. Los intereses generales no han entrado en los cálculos de la operación, lo cual ni es nuevo ni puede sorprender en la situación política del país. Un acontecimiento tan inmediato e importante no se ha mencionado, si no me equivoco, en todo el debate de la moción de censura.

¿El “salvamento del BP” nos a costar algo a los ciudadanos? Las autoridades dicen que no. ¿Les creemos?

Es prematuro vaticinar el coste nulo para los contribuyentes. Primero, por las reclamaciones jurídicas que puedan plantearse, si bien como he señalado, no es previsible que se declare al Estado como responsable subsidiario de la liquidación del Popular. Segundo, porque no pueden descartarse que en el proceso de digestión del banco por parte del Santander se descubran nuevos “agujeros”, e intente aprovecharse del privilegiado trato que recibe de los gobiernos y de la preeminencia lograda como símbolo de la banca del país.

Por otra parte resulta obsceno, por parte del gobierno del PP, vanagloriarse de que la liquidación del Popular no tendrá repercusión en los contribuyentes después de las decenas y decenas de miles de millones de euros que ha costado el saneamiento del sistema, y se avanzó sin pudor alguno que todas las aportaciones públicas se recuperarían. Así está el país. Ni cuando surgen condiciones excepcionales como la quiebra de su quinto banco no se plantea por parte de la izquierda la necesidad lógica y la reivindicación histórica de impulsar la creación de una banca pública.

Hablas también de relámpago anunciador de otras peligrosas tormentas por llegar. ¿Qué tormentas son esas? ¿Son probables?

Mis facultades de adivino no me permiten pronosticar cuando y cuál será el origen de nuevas conmociones, pero nadie puede descartarlas. Si algún atrevido lo hiciera, como podría ser Guindos, aconsejo no hacerle caso.

Tomo nota. Los bancos, vuelvo a citarte, “siguen ocultando en sus balances decenas de miles de millones de activos tóxicos inmobiliarios, quizás algunos centenares de miles, que aún no han digerido a pesar del entramado institucional que se ha creado para aliviarlos de la carga destructiva que representan”. ¿Pero tantas partidas tóxicas poblaban sus balances? ¿No se han saneado aún lo suficiente? ¿Qué dimensiones tuvo entonces aquella burbuja? Por lo demás, en algunas ciudades, pienso en Barcelona, la burbuja de nuevo está muy viva.

No estoy en condiciones de evaluar el grado de salud o enfermedad que todavía padece el sistema bancario español. Si se sabe que decenas de miles de millones de euros relacionados con la actividad inmobiliaria lo mantienen intoxicado. La situación actual no puede considerarse normal, constituyen una indiscutible rémora, pero la evolución dependerá de lo que pueda suceder en la economía española en la que parece apuntarse una moderada recuperación del sector inmobiliario, en unos mercados que no son homogéneos, pues la demanda en algunas ciudades (Madrid y Barcelona) no puede equipararse a lo que sucede en otras y a lo que ocurre en las zonas turísticas o de segunda residencia.

Por otro lado, soplan también vientos de crisis financiera a escala internacional que tendrán una indiscutible repercusión en nuestro país. Podría decir que nuestro sistema bancario no está en condiciones de resistir perturbaciones significativas si el clima general se degrada, sino más bien lo contrario: nos arrastraría con facilidad a nuevas convulsiones de gravedad imponderable.

Una descripción, también tuya por supuesto: “Todo el sistema bancario ha gozado en los últimos años de una evolución excepcional determinada por ser el canal fundamental por el que el Estado se ha financiado emitiendo cientos de miles de millones de euros hasta alcanzar la deuda pública el 100% del PIB y por el que el BCE ha inyectado liquidez a la economía con respaldo de esa deuda”.

Un circuito extraño, señalas, beneficioso para la banca, “generado en un contexto tipos de interés del BCE mínimos, o nulos, que tarde o temprano tendrá que acabar. Si la crisis de los bancos ha puesto en jaque al Estado hasta aquí, será el endeudamiento que ya alcanza el Estado el que ponga en jaque el equilibrio los bancos ahora”. ¿Por qué, de dónde esa inversión que comentas?

El BCE, ante el objetivo de contener la crisis y la recesión, ha practicado una política muy expansiva de inyección de liquidez, y ha ido relajando las condiciones para la concesión de créditos, tomando ya en garantía emisiones del sector privado. Pero, hasta hace poco, la vía normal era otorgar financiación al sector bancario con respaldo de la deuda pública.

Como el BCE no puede financiar directamente a los Estados ha tomado esa vía, de modo tal que las emisiones de deuda pública las adquiere en una buena parte la banca y ella obtiene liquidez al nivel mínimo de los tipos de interés del BCE, cero en la actualidad, beneficiándose de la diferencia de los tipos a los que el Estado coloca su deuda, que también por supuesto son muy bajos.

En nuestro país, el nivel del volumen de la deuda pública es, redondeando, el 100% del PIB, pero la peculiaridad es que su crecimiento ha sido muy intenso en los últimos años como consecuencia de la acumulación de los déficit públicos. En comparación con otras economías ese porcentaje no es exagerado, pero si es objetivamente alto (sabido es que en las condiciones de Maastricht y ahora del Pacto de estabilidad era del 60% del PIB) y se ha instalado en un nivel sin previsión de reducirse que plantea un problema general.

Si todo se complicara, no puede descartarse que hubiera revisarse la política de la deuda pública, con cambios en el calendario de amortizaciones y más drásticamente con alguna quita. La banca entonces podría ser arrastrada al ojo del huracán. Hablo de una hipótesis, no de pronósticos, pero como posibilidad está abierta.

Se entiende la diferencia. El Estado, afirmas también, ha gastado en el mantenimiento del sistema financiero, decenas de miles de millones de euros. Aún no se sabe cómo acabara esta historia. El endeudamiento general que padece toda la economía española, incluidos los pasivos exteriores, afirmas, convierte a España en uno de los países más vulnerables del mundo. ¿Del mundo? ¿Dónde se ubica esta vulnerabilidad que señalas?

Con frecuencia hablo de la vulnerabilidad de la economía española. Voy a darle contenido.
Adelante.

Aparte de las incógnitas que suscitan la situación del sistema crediticio y el fuerte endeudamiento público a los que ya me he referido, en el año 2009 el país tenía una posición neta exterior que era la más negativa del mundo, salvo la de Estados Unidos que tiene la ventaja que emite un papel verde llamado dólar que tiene una gran aceptación en el resto del mundo.

Los pasivos de los residentes del país frente al exterior ascendían a 2,3 billones de euros, a los que si se restan los activos de los residentes frente al exterior, 1,3 billones de euros, resultaba una posición neta negativa de 1 billón de euro. Ésa resta no tiene mucha razón de ser puesto que los acreedores y los deudores son agentes individuales que no pueden compensarse estrictamente. La cifra importante es la de los pasivos exteriores, que son compromisos de pago o derechos de los extranjeros sobre los agentes españoles.

En el año 2016, después de tantos años, de mejora del déficit exterior y hasta de un superávit en la balanza por cuenta corriente en los últimos dos años, los pasivos exteriores se elevaban a 2,6 billones de euros, resultando una posición negativa de 0,95 billones de euros, un poco más favorable que en 2009.

Por otro lado, a efectos de resaltar el endeudamiento general de la economía, los pasivos y activos entre los agentes económicos internos desglosados en sociedades no financieras, instituciones financieras, administraciones públicas y los hogares, alcanzaban en 2009 el volumen de 7,3 billones de euros. En 2016, con la recesión profunda de por medio, la quiebra de muchas empresas, la destrucción de aparato productivo, la crisis financiera , los rescates, los desahucios, los concursos de acreedores etc. ese volumen se había elevado a 7,8 billones de euros.

Por tanto, por lo que se refiere al endeudamiento interno y externo la economía española sigue sumida en una burbuja financiera. Hay que tener en cuenta que en los últimos años han operado además algunos factores muy favorables para la economía en general y en particular para la balanza de pagos. Brevemente, la caída del precio del petróleo, los tipos de interés insólitamente bajos (la FED acaba de subirlos un cuartillo) y un gran tirón del sector turístico derivado en parte de la inestabilidad política que domina en algunos países competidores. Se puede haber registrado una mejora de la competitividad por la importante reducción de los salarios, pero no cabe garantizar el mantenimiento de esos hechos favorables.

Quiero señalar por último que se pretende equiparar una tormenta tropical con la crisis económica y social que sufre el país. La tormenta pasa y a los dos días puede estar luciendo un sol radiante. Una crisis de la profundidad padecida deja unos destrozos y unas secuelas que en modo alguno permiten hablar de superación de la misma hasta que los datos esenciales de la comunidad se hayan restablecido al nivel previo de la crisis.

Te estás refiriendo al paro…

Hablo del paro, de la precariedad laboral, del nivel de salarios, de la protección al paro, de la degradación de los servicios públicos esenciales, por no referirse a otros aspectos y secuelas de la crisis en derechos sociales y políticos. Hablar de que la crisis es cosa del pasado mientras todos sus efectos destructivos siguen vigentes es demagogia de la peor especie, que no cabe admitir. Y relaciono esto con la vulnerabilidad porque si hubiese un deterioro de la situación, provocado por las causas que fueran, el sufrimiento social tendería a agravarse a partir de una situación profundamente degradada. En fin, lo dejo aquí.

¿Me olvido de algo esencial? ¿Quieres añadir algo más?

Poco más, por un lado, si nos acotamos al asunto del Popular, (por cierto, acaba de publicar el Banco de España un informe en el que aclara que el Estado perderá finalmente 60.600 millones de euros, el 80% de los 77.000 millones inyectados) y mucho más, por otro, si se abre el debate sobre la estrategia de la izquierda política y de los movimientos para superar el estado de cosas en que está hundido el país. Es una necesidad imperiosa, en mi opinión, el rearme ideológico de las fuerzas progresistas y la construcción de un pueblo organizado para resistir y luchar.

No tengo ninguna diferencia con lo que acabas de señalar. Mil gracias querido Pedro.

 

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