MANIFIESTO

LA CRISIS SIGUE , LOS DESTROZOS SE AGRAVAN , EL SUFRIMIENTO SE ACUMULA

Hace dos años, cuando pasábamos por los momentos más crudos de la crisis económica, varios miles de personas, de muy diversa significación, firmaron un documento cuyo título, “Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana”, y su consigna, “Salir del euro”, eran concluyentes respecto a la solución que nuestro pueblo necesita.

Ahora es necesario dirigirse de nuevo a la sociedad española y a sus fuerzas políticas y sociales para insistir y ratificar la necesidad imperiosa de revisar los vínculos de nuestro país con la Unión Europea y los tratados que la conforman. Queremos impulsar iniciativas de debate y acción que lo faciliten.

Stop a la integración europea

Europa está sumida en una paralización sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Como entidad política la UE ha dejado de ser una fuerza relevante y cada día tiene un papel más subordinado a los designios imperialistas de USA, como lo ponen de manifiesto los conflictos y guerras en los países árabes relacionados con su rediseño del Oriente Medio, y también en el corazón de Europa, con Ucrania convertida en un foco de enfrentamiento que encierra graves peligros bélicos y un nuevo desgarra- miento del Continente.

El irracional proyecto de la unión monetaria y sus consecuencias han puesto en crisis la integración europea. Desequilibrios económicos insostenibles entre los países y una montaña enorme de deuda que atrapa a países, estados, sistema financiero, empre- sas y familias son el motivo de esta crisis.

El endeudamiento general ha construido un entramado tupido de relaciones financieras, sobrecargado de focos explosivos y con canales de conexión extraordinariamente fluidos derivados de la desregulación y la globalización financiera. Su única seguridad depende del BCE, que sólo inyectando liquidez puede detener los peligros recurrentes de otras crisis financieras, al precio de alimentar el volumen de deuda que so- porta el sistema.

De hecho, el BCE ha tenido que dar la espalda a su ortodoxia y objetivos institu- cionales para impedir explosiones incontrolables, como han sido los rescates para algunos países, la medidas y mecanismos para aportar liquidez y la posibilidad reciente de que la deuda soberana pueda financiarse a través de sus préstamos, bien es verdad que con restricciones y singularizada por países. El BCE, a pesar de las facilidades con las que opera ahora, no puede equipararse de ningún modo con la Reserva Fede- ral de los Estados Unidos o el Banco de Inglaterra, debido a la contradicción entre la unidad monetaria y la compartimentación fiscal por países.

La integración económica está cada vez más lejos debido a que la crisis levanta tensiones y conflictos entre todos los países y divisiones manifiestas en todos los gobiernos, actuando cada uno de ellos de acuerdo con sus intereses propios.

La desolación recorre nuestras sociedades. Algunos países del Sur están destrozados, en quiebra financiera, desgarrados por las desigualdades, corroídos los estados de bienestar y hundidas partes inmensas de su población en la exclusión y la miseria. Nada que sea nuevo y que no conozcamos. La alternativa de los países más atrasados y desfavorecidos de la unión monetaria era desde hace tiempo recuperar la soberanía econó- mica, incluida la moneda.

Grecia ultrajada

Grecia está en estos momentos en el ojo del huracán y se ha convertido en un banco de pruebas que terminará ratificando esta solución.

El cambio que reclama la sociedad griega tras las elecciones del 25 enero y el euro no son compatibles. El desenlace del conflicto abierto tendrá repercusiones decisivas, políticas y económicas, en el conjunto de Europa, porque no habrá otra salida que el abandono de Grecia del euro. Si el gobierno de Syriza es doblegado por la Troika, la decepción en la izquierda europea será pro- funda, pero sobre todo el sufrimiento del pueblo griego crecerá.

Si, por el contrario, el nuevo gobierno logra sortear los ultimátum y consigue prolongar su situación de quiebra a través de créditos y rescates puen- tes, sin modificar las condiciones esenciales de su crisis, a Grecia le queda un prolongado camino que recorrer atrapado en las exigencias de los mercados y las instituciones financieras.

Con el transcurso del tiempo, en un periodo no largo, se pondrá de manifiesto la insensatez de esa alternativa pues no significa otra cosa que seguir manteniendo encadenado el país, en vilo al conjunto de la sociedad, sin visos de alternativa y sin ningún resquicio de esperanza.

Sólo afrontando la crisis de un modo radical y rupturista, con la recuperación de la soberanía monetaria y fiscal, mediante la salida del euro y liberándose de la deuda impagable, podrá el pueblo griego empezar a escribir un nuevo capítulo de su historia.

Todo el debate que se viene sosteniendo en la izquierda convencida de que no hay salida a la crisis en el marco del euro, pero que pretende distinguir entre la alternativa de desvincularse del euro o ser expulsado de la unión moneta- ria se descubrirá ingenuo y falso.

Como se ha indicado, Europa atraviesa unos momentos decisivos. Grecia puede remover tanto la situación y profundizar en la inestabilidad dominante que quizás sea el temor a esas consecuencias el que puede hacer que países hegemónicos en Europa – entiéndase Alemania – eviten el precedente de la salida de un país del euro.

Pero también puede ocurrir que se adopte el criterio contrario: el de quienes a través de la imposición de condiciones insoportables quieren empujar a Grecia a salir del euro y de la UE como ejemplo disuasorio que evite, durante un tiempo, el ascenso de las fuerzas políticas que defienden la recuperación de la soberanía económica y política en otros países del Sur de Europa.

En cualquier caso, se abre un periodo de gran inestabilidad, tenso y transitorio.

El euro, en su actual configuración, está condenado a desaparecer. Y es justo, por el terrible desastre causado en Europa y por- que moral e intelectualmente hay un despertar de la conciencia de los ciudadanos sobre el irracional y perverso proyecto de la unidad monetaria. La inevitabilidad de su desaparición hay que darla por segura.

Correspondiéndose con estas opiniones, están surgiendo en el conjunto de Europa movimientos y fuerzas políticas que hacen de la ruptura del euro la razón fundamental de su actividad y de sus propuestas. Ya no se trata de debatir sobre la bondad o conveniencia de la unión monetaria, aunque sólo fuera como un eslabón de la integración social y política de Europa.

Ese debate ya está cerrado para muchos europeos. Ahora se discute sobre si la desaparición del euro puede ser un proceso controlado y consensuado que evite daños imponderables o si los países acabaran optando por salidas unilaterales y rupturista con la zona euro. Las ventajas indiscutibles de la primera fórmula en modo alguno garantizan un proceso sensato y equilibrado como sería deseable.

Todo parece indicar que será turbulento y destructivo, pues hay muchos intereses confrontados. Intentar que en el marco del ca- pitalismo dominen otros valores y criterios es un acto de fe sin fundamento alguno.

Sigue la crisis

En lo que atañe a nuestro país, las razones expuestas en el Manifiesto de 2013 para postular la recuperación de la soberanía económica y la salida del euro siguen vigentes plenamente, a pesar de la confusión existente, fomentada con tenacidad por el gobierno, empeñado demagógica y tram- posamente en convencer que la crisis económica es un asunto del pasado.

Los cambios mínimos en la evolución de la economía española de los que se presume no permiten sostener que la crisis está superada. La crisis es justamente la desoladora situación económica y social.

Los destrozos que se ha causado desde 2008 hasta la actualidad en el plano económico, empezando por el paro y la precariedad, en las relaciones laborales, en el estado del bienestar, en las desigualdades etc. etc. son tantos que, desde el punto de vista del bienestar general del país, la crisis no podrá darse por superada en muchos años y no precisamente como consecuencia de un modesto crecimiento del PIB, favorecido por algunos acontecimientos –BCE, petróleo, turismo, depreciación del euro- y en ausencia de ningún plan o criterio para evitar los errores del pasado.

Hablar del nuevo modelo económico siempre ha sido una broma de mal gusto: lo que urge para el gobierno es poder hablar de crecimiento, y, como la supuesta recuperación es lenta y contradictoria, cada vez necesita engrosar la mentira para sostener su mensaje, básico para sus campañas electorales.

La deuda devora

Al final de 2007, los pasivos financieros brutos de toda la economía española entre sus sectores, desglosados éstos entre la Administraciones Públicas, el sistema financiero, las empresas y las familias, ascendía a 9,7 billones de euros (a un mayor desglose los pasivos aumentarían), a los que habría que sumar otros 2,2 billones, la cifra que el con- junto de esos sectores internos, los agentes económicos del país, tenía como pasivos frente al exterior. Los pasivos totales, pues, eran 11,9 billones de euros, equivalentes a 11,3 veces el PIB de ese año.

Los números al final de 2013, con todos los cambios económicos y convulsiones financieras registrados desde entonces, son los siguientes: los pasivos entre sectores internos 10,1 billones de euros, más 2,3 billones de pasivos exteriores, arrojan un total de 12,4 billones de euros de pasivos, lo que representa el 12,2 veces el PIB de 2013 (inferior en un 3,4% al del año 2007).

Con arreglo a la deuda, por tanto, la situación de la economía española se ha agravado en los últimos años, lo que significa que potencialmente está más expuesta a más agitaciones financieras de todo tipo que en de su participación entusiasta en la euforia financiera que precedió a la crisis. Por tanto, era proclive a padecer una gran conmoción económica, tal como ha ocurrido, sin que los datos de fondo hayan desaparecido.

No aceptamos el argumento oportunista que afirma que la crisis ha doblado la es- quina. La crisis social y económica está bien instalada y bien arraigada. Combinada con los acontecimientos políticos que vienen ocurriendo, ha conducido al país a una si- tuación excepcional. No se trata, por tanto, de arrojarse estadísticas económicas, por lo demás tan fáciles de manipular, sino de valorar la situación objetiva del país en el contexto europeo.

Como análisis generalmente admitido, se re- conoce que la crisis financiera internacional, origen de la posterior crisis económica, tuvo lugar por el sobre-endeudamiento financiero en todos los ámbitos y niveles, y se desencadenó con la quiebra del banco norteamericano Lehman Brothers en septiembre de 2008. Instalada la desconfianza general en los mercados financieros y obstruidos los canales de financiación establecidos, la profundidad de la crisis en cada uno de los países tuvo que ver con su situación de endeudamiento y las posibilidades de afrontarla, no disponiendo los países de la zona euro de un Banco Central susceptible de desempeñar el papel de la Reserva federal en los Estados Unidos.

La economía española era una de las más endeudadas del mundo, consecuencia de los agudos desequilibrios de la balanza por cuen- ta corriente desde la implantación del euro y  el pasado. Las facilidades otorgadas por el BCE, con sus repercusiones en los tipos de interés, incluida la llamada prima de riesgo, pueden hacer creer que el clima económico y financiero está despejado, pero la insólita inestabilidad financiera internacional y europea está ahí y no pasará mucho tiempo antes de que inexorablemente surjan perio- dos de inquietud y descontrol.

Si nos referimos a un aspecto particular y vital de la posición financiera del país, es preciso recordar que al final de 2007 la deuda públi- ca del Estado se elevaba al 36% del PIB; sin embargo, al acabar 2014 ya representaba el 100% del PIB.

Toda la política brutal de ajuste y recortes para sanear las cuentas públicas se ha traducido en un vertiginoso incremento de la deuda pública y en un incorregible déficit de las Administraciones públicas, que todavía para 2015 se estima con poco fundamento en un 4,5% del PIB, y generará, por consiguiente, más aumento de la deuda pública.

Los pasivos exteriores y la deuda pública, dos datos fundamentales para enjuiciar la salud de una economía, siguen constituyendo una rémora muy pesada, que impiden admitir que la economía está saneada y en condiciones de despegar. Pasado el periodo electoral pendiente, tan proclive a prometer, falsear y mentir, aparecerán de nuevo los fantasmas de la crisis, si todo no se acelera por Grecia.

El gobierno oculta y desprecia estos datos esenciales en su afán de confundir a la opinión pública, no sólo para hacer creer que la crisis ha pasado, sino también que su política de sacrificios y degradación del bienestar era correcta y la única posible. De ahí a concluir que es necesario seguir aplicando la austeridad queda un paso, dándose la paradoja de que mientras se resaltan los resultados de la economía española el gobierno sigue endureciendo los recortes, como es el caso de los parados sin protección alguna.

Ceguera colectiva

El Manifiesto “Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana” acertaba cuando sostenía que nuestro país estaba en una encrucijada: o se dejaba arrastrar por la senda de la austeridad a ultranza, como exigían las instituciones y los mercados financieros internacionales, lo que agravaría la crisis económica y social, o se emprendía el camino de recuperar la soberanía económica y monetaria para construir un futuro que corrigiera y evitase el desastre en que está sumida la sociedad española. Un camino no exento de complejidad.

Las condiciones políticas del país refuerzan esa propuesta en unos momentos en los que las movilizaciones populares contra tantos desafueros y las expectativas electorales ponen a la orden del día la imperiosa necesidad de resolver los problemas económicos de los ciudadanos, muchos de ellos, millones, atrapados en la miseria, y otros muchos aplastados y hundidos por la contumacia y dureza de la política neoliberal.

El drama para el país es que siendo esto tan necesario, no hay fuerzas políticas que comprendan que esquivar el dilema o la encrucijada presentada es un grave error y un suicidio político.

Dejemos al PSOE en el lugar elegido por su dirección, con su apuesta ciega por el euro, su obediencia sumisa a la Troika, incluida la reforma en 2011 del artículo 135 de la Constitución “sugerida” por el BCE. Amaga con otra política, ensaya pinitos de oposición, pero acompaña sin fisuras al PP y comparte sus objetivos esenciales. Con los dirigentes del PSOE no se puede contar para algo que signifique liberarse del dogal de la moneda única.

Las fuerzas a la izquierda del PSOE, las más antiguas y las más recientes, ponen más vigor en la protesta contra la política neo- liberal e incluso ayudan y colaboran en la movilización contra sus desgarros, abusos y atropellos.

Pero desgraciadamente confunden a la población, suscitan expectativas irrealizables y nos abocan a una decepción tan profunda y frustrante que puede ocasionar cambios muy contraproducentes en la conciencia de las gentes oprimidas y vejadas. Sostienen que se trata de voluntad política y se permiten hablar de otra política económica y social, incluso de otro modelo productivo, pero sin el rigor mínimo exigido.

En el estado de quiebra financiera del país, en el marco de la unión monetaria, no cabe en lo fundamental otra política que no sea la que impulsa la Troika, cuyas consecuencias están debidamente contrastadas.

Es esta verdad la que corresponde transmitir a la población y confrontarla con la encruci- jada cruda en la que sigue instalada la sociedad española. Tan irrecuperable es el terreno perdido en estos años que incluso si milagrosamente desapareciera la deuda que devora al país no sería posible remontar la situación y crear una economía suficientemente fuerte y competitiva para sobrevivir en la zona del euro. El leve crecimiento del PIB en los últimos trimestres ya se viene traduciendo en un empeoramiento significativo del déficit de la balanza por cuenta corriente.

Soberanía y democracia

Nos dirigimos al conjunto de las fuerzas comprometidas con el cambio y a todos los ciudadanos que sufren descarnadamente la crisis económica. La única salida válida es la recuperación de la soberanía económica.

Necesitamos una moneda propia para mejor competir y un Banco Central propio para mejor manejar la política fiscal. Cualquier intento de aplicar las enseñanzas keynesianas requiere olvidarse transitoriamente de los problemas del déficit público, hasta reactivar con la demanda los recursos productivos, generar rentas e impulsar la recaudación impositiva, combatiendo además seriamente el fraude fiscal.

Más neoliberalismo representa agravar la catástrofe social del país. Conviene recordar que se sigue negociando el acuerdo conocido como el TTIP entre la UE y los Estados Unidos con toda impunidad y secretismo.

Un tratado que destruye la capacidad de regulación de los estados en aspectos esenciales de las condiciones de vida de toda la población – laborales, sanitarias, ecológicas, culturales – y reduce la soberanía de éstos al punto de equipararlos con las multinacionales en cuanto a poder de negociación.

La salida del euro evitaría tener que compartir ese acuerdo que traicioneramente se está gestando a espaldas de los pueblos.

A la derecha política y a los poderes económicos no les tiembla el pulso para proseguir con sus objetivos de implantar un mundo sin derechos y una democracia ficticia que nos aboca a la barbarie.

La defensa y construcción de la democracia política es inseparable de la soberanía popular sobre la economía. El necesario Proceso Constituyente que garantice los derechos políticos y sociales de la ciudadanía, solo podrá culminar exitosamente con la recuperación de los instrumentos económicos que hacen efectiva dicha soberanía.

Siendo tantos los valores en juego y tan diferentes las concepciones de lo que es una sociedad civilizada, todas las fuerzas que consideran inevitable abrir un Proceso Constituyente, y todas las víctimas del desorden actual deben unirse y exigir una confluencia para ofrecer una salida a la desolación existente y a la falta de esperanza en la que nos ha instalado el capitalismo en esta fase destructiva de su historia.

Las reivindicaciones, las propuestas, los objetivos están en la mente de todas las conciencias y, sin descanso, hay que seguir sosteniéndolas y luchando por ellas. Sólo así avanzaremos colectivamente y haremos ver a las direcciones políticas de todos los partidos, sindicatos, movimientos etc. que la recuperación de la sobe- ranía popular es necesaria e irremediable.

Nuestro objetivo final es liberar a los pueblos del yugo impuesto por las oligarquías dominantes en la UE y poder así, fuera de la trampa del euro, construir una alternativa económica, social y política que nos aleje de la barbarie. Para ello, os invitamos a la tarea de organizar en el Estado español durante 2015 un “Encuentro”, en el que deberán participar voces autorizadas de otros países que mantienen idénticos objetivos y para cuya preparación se constituirá un Grupo Promotor.

Ante el fracaso y los desastres causados por el actual proyecto neoliberal europeo, los pueblos sojuzgados de la UE deben emprender otras soluciones basadas en la recuperación de la soberanía popular, la solidaridad, la cooperación y la fraternidad.

 

pedro montesPedro Montes

La cuestión del euro ha sido expulsada cobardemente de la campaña electoral. Sin embargo, hoy es más necesario que nunca recuperar la soberanía económica

En los procesos electorales abiertos la cuestión del euro ha desaparecido de los discursos y de las propuestas programáticas de todos los partidos. La letanía de medidas que propugnan las diferentes fuerzas se asemejan a las cartas a los reyes magos porque, llenas de buenos deseos, ninguna tiene en cuenta la realidad de que nuestro país está sumido en una grave crisis cuyas raíces y posibles soluciones están estrechamente relacionadas con la participación en la unión monetaria europea.

Hace dos años, en medio de una fase muy destructiva de la crisis, se impulsó un manifiesto para salir del euro que tuvo varios miles de adherentes, y entre sus promotores se contaban prominentes economistas, sociólogos, juristas, políticos, sindicalistas y gentes muy diversas en cuanto a profesión, actividad y compromisos sociales.

Se trató entonces de resaltar la encrucijada en que se encontraba la sociedad española, que puede resumirse así: o nos manteníamos vinculados al euro y nos sometíamos a los deberes y exigencias de la Troika y la presión de los mercados, con la seguridad de que los ajustes y la austeridad configurarían la política económica y social durante mucho tiempo y la consecuencia de profundizar la crisis, teniendo en cuenta la enormidad de la deuda de la economía española con respecto al exterior, o bien recuperábamos nuestrasoberanía económica y monetaria, en un mundo muy complejo, muy trabado y lleno de compromisos, para intentar resolver los graves problemas acumulados -no hay que citarlos- y desde esa recuperación de los resortes económicos reactivar la economía y promover el bienestar general. Sin restarle dramatismo al dilema, no se trataba de declarar la autarquía sino de aliviar los vínculos derivados de la moneda única y mantener otras relaciones con Europa tal como hacen Gran Bretaña, Dinamarca o Suecia.

La encrucijada: o nos sometemos a las exigencias de la Troika (dentro del euro), o recuperamos nuestra soberanía económica

Sin llegar a que la sociedad española debatiera sobre las ventajas y desventajas, efectos y repercusiones de estas dos posiciones sobre el tapete, algo se removió la discusión, sobre todo por el devastador impacto de la crisis y la política gubernamental sobre el paro, la precariedad, las desigualdades y la degradación de los servicios sociales.

Han pasado dos años, como decíamos, y la cuestión de salir del euro ha desaparecido como inquietud de todas las fuerzas políticas relevantes, y ello a pesar del profundo cambio político que ha tenido lugar en los últimos tiempos, que modificará el mapa electoral de un modo sensible pero no parece que las políticas de fondo.

 Debate sentenciado

A ello ha contribuido sin duda la falaz y contumaz propaganda del PP sobre que la crisis es cosa del pasado y el futuro se presenta de nuevo despejado. No es así, pero la persistencia del discurso ha calado y el resto de los adversarios políticos no combate con firmeza esos pronósticos, casi los acaricia.

Por lo demás, tanto el PP como el PSOE son tan firmes partidarios de la Europa de Maastricht -recuérdese por ejemplo la reforma del artículo 135 de la Constitución- que han dejado el debate sentenciado, haciendo ver que para ellos no cabe otra opción imaginable.

Izquierda Unida (IU) puede destrozarse por las tensiones internas, las peleas burocráticas, los cargos en disputa, pero está lejos de que un debate ideológico profundo como el que plantea la cuestión del euro pueda crear grandes brechas y divisiones. Prefiere callar y reforzar otros mensajes más sociales y progresistas al margen de la posibilidad de cumplirlos.

Las nuevas opciones electorales emergentes, que recogen las aspiraciones de cambio en la sociedad, no están para el debate del euro

Las nuevas opciones electorales emergentes, que recogen las aspiraciones de cambio en la sociedad, no están para este debate. Albert Rivera, un buen chico moderado de derechas y sin partido, no quiere truculencias y compromisos: su opción es acopiar votos por la repugnancia que produce el PP. Y Podemos ha tomado una opción electoralista, a pesar de su aparente radicalismo, por lo que no puede remover a sus bases ni a los ciudadanos arrastrándolos a un debate desgarrador, por fundamental que sea.

Justificaciones o explicaciones se encuentran fácilmente para la política que sigue cada organización. El drama político que la situación encierra se deriva de la incoherencia que existe entre lo que nos proponen y la posibilidad de llevarlo a cabo, pudiéndose garantizar una continuación de la crisis económica y social y una gran frustración política en los tiempos que vienen.

El PP, en cuanto pasen las elecciones, si tiene la oportunidad, volverá a implantar más recortes y austeridad como exige la Troika, con la hermosa coincidencia de que ese es justamente su ideario político. El PSOE, de modo bastante impúdico, nos dice que hará otra política social, olvidándose de que fueZapatero en 2010, por indicación expresa del Banco Central Europeo, el que comenzó los ajustes presupuestarios, y luego introdujo una reforma laboral y otra de las pensiones. Las lecturas de los programas de IU y Podemos, sin perjuicio de una mayor coherencia que el PSOE por cuanto que rechazan las agresiones del PP, son imposibles de llevar a cabo en la situación actual de la economía y el marco de los tratados europeos.

 Políticas de austeridad

En las nuevas condiciones, un grupo de ciudadanos moralmente comprometidos con la excepcionales circunstancias del país se ha sentido en la obligación de impulsar un nuevo manifiesto para justificar la necesaria salida del euro, con la pretensión de promocionar el debate en la sociedad y de forzar a los partidos y fuerzas sociales a no eludir la vital cuestión de la vinculación al euro.

Nuestro país está en quiebra y no podrá hacer frente al endeudamiento, en particular los pasivos frente al exterior y el aumento de la deuda pública

Esas nuevas condiciones están determinadas por los siguientes rasgos. El primero, que la Troika no deja de indicar y amenazar con que es necesario ahondar en las políticas de austeridad, por ejemplo otra reforma laboral, con las consecuencias que ya conocemos.

El segundo, el desprecio con el que la inmensa mayoría de las fuerzas políticas y sociales diseñan sus programas y proyectos desdeñando el esencial dato de los compromisos vigentes con Europa.

El tercero, que ya existe un drama tangible como el de Grecia para comprobar cuál será el destino de nuestro país en caso de seguir plegados y sometidos a las exigencias de las instituciones internacionales y los mercados financieros. Todas la diferencias que se tratan de establecer entre nuestro país y Grecia son bastante ilusas por la última de estas razones.

Cuarto, que nuestro país está en quiebra y no podrá hacer frente al endeudamiento general existente, en particular los pasivos frente al exterior y el aumento excepcional que ha tenido lugar de la deuda pública.

El  manifiesto expone  con rigor y contundencia cómo, a pesar de las convulsiones ocurridas -rescate bancario incluido- desde que se declaró la crisis financiera internacional en septiembre de 2008, el volumen de los activos y pasivos financieros de los sectores económicos internos de nuestro país ha aumentado entre ellos, así como los pasivos exteriores de los residentes españoles con el exterior.

Para expresar lo mismo, se puede entresacar textos de un artículo reciente enEl Confidencial del profesor Roberto Centeno, del que me separa ideológicamente un mar, pero cuyos comentarios económicos considero certeros. El título era rotundo: “España va al colapso, no a la recuperación”.

Algunos comentarios fáciles de compartir, como que “en la historia contemporánea de España (dos últimos siglos), nunca se había conocido una situación económica y moral tan desastrosa como la que enfrenta el país en estos momentos, sin una guerra o una revolución de por medio”, o que, “ningún gobierno ha deformado tanto la realidad a la hora de informar a los ciudadanos”.

Y los hechos: “El martes (6 de mayo, con Grecia en las cuerdas) la rentabilidad del bono español a diez años experimentó un vuelco espectacular con una subida del 19% en un solo día, lo que demuestra que la estabilidad de nuestra economía no es que penda de un hilo, es que vivimos literalmente en tiempo de descuento. Una situación de pánico que, de repetirse, puede hacer estallar nuestra burbuja de deuda mucho antes de lo previsto, lo que nos recuerda dónde estamos en realidad: en un nivel de endeudamiento exterior y de las AA.PP. inasumibles que llevarán a España a la suspensión de pagos antes o después”.

El artículo ofrece más datos y detalles, pero es suficiente para resaltar la oportunidad del nuevo manifiesto sobre la necesidad de recuperar la soberanía económica.

La cuestión del euro ha sido expulsada cobardemente de la campaña electoral e indebidamente del debate ineludible que habrá de afrontar el país para resolver la crisis en la que estamos instalados. Por muchas veces que el problema del euro sea eludido arrojándolo con malos modos por la puerta, se colará una y otra vez por la ventana.

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15 Comments

  1. Nos hicieron arrancar olivos y modificar la economía a su conveniencia. Cuanto más terdemos en salir más crecerá la deuda y mayor será la estafa. Por vendernos que era la unión de los pueblos de Europa, debieramos hacer una reclamación por tratarse de un tratado entre élites y Bancas Privadas donde el pueblo solo paga. Gracias Julio Anguita por marcar el camino.

  2. El problema de nuestra moneda, es un problema de soberanía sobre nuestro banco central, y con el euro, lo que ha ocurrido es que, en un ejercicio de pura traición de nuestros gobernantes, han vendido nuestra soberanía económica nacional a intereses privados. El poder de un banco central es superior a los gobierno, en realidad los gobernantes son empleados de los dueños de los bancos centrales. Ya lo decía un Rothschild, ‘Dadme el control de la moneda de un país, y no me importa quien haga las leyes’

  3. Os adjunto la aportación sobre el tema que presenté en la Conferencia de IU:

    APORTACIÓN AL DEBATE SOBRE EUROPA:
    *SOBERANÍA DEMOCRÁTICA Y MONEDAS LOCALES*

    Por debajo del debate sobre “salirse” o no del euro subyace una cuestión de fondo: en qué medida es posible la soberanía democrática de un país en el marco de una economía de mercado sin la capacidad de gestionar sus medios de intercambio. Pero habría que deslindar esta cuestión del debate puntual sobre el eventual abandono de la “zona euro”.

    Para realizar este deslinde hay que comenzar cuestionando un tabú económico: el rechazo de entrada a cualquier dualidad de monedas. Dicho rechazo se asienta sobre determinadas experiencias históricas en las que (como en Cuba o en los estertores de la URSS) la moneda local resultaba subvalorada o relegada por la penetración de una moneda extranjera. Pero existen también ejemplos en sentido contrario, en las que en un contexto de escasez en la circulación de una moneda global menudean experiencias de monedas locales para facilitar la actividad económica. Hay muchos ejemplos, entre los que podemos mencionar los “certificados” de California en EE.UU., o la moneda municipal de Volos en Grecia. Pero existen también múltiples iniciativas de monedas locales al margen de las instituciones, muchas de las cuales se articulan en el Community Exchange System (CES, https://www.community-exchange.org/‎ ).

    Para situarlo en su contexto, habrá que recordar que el dinero como representación del valor de cambio de una mercancía ha pasado por diferentes formes históricos. Del uso de monedas hechas de metales preciosos (básicamente oro o plata), que inicialmente tendrían un valor de cambio intrínseco equivalente al de su valor facial, se pasó al papel moneda que representaba una determinada cantidad de oro, vinculación que se rompe con el tratado de Bretton Woods, con el que el dólar sustituye al oro como moneda patrón de referencia, y el valor del dinero se remite a la garantía del Estado emisor del mismo. A su vez, medios de pago como cheques bancarios pasan a ser representantes del papel moneda. Y con este proceso de financiarización, es la Banca privada la que asume el papel de generadora de dinero, pero con una característica: la generación de medios de pago que en vez de tener un valor fijo pasan a tener un valor variable a través de la acumulación de intereses. Cuando ese incremento de valor no se corresponde con el aumento real de la riqueza que pretende representar, se general una burbuja financiera, como la que desencadenó la crisis de 2008 con su estallido.

    Pues bien: nada se opone a que las instituciones del Estado Español generen medios de pago estables, sin intereses, a modo de “pagarés”, recuperando la función que habían transferido en parte al Banco Central Europeo y que en parte ha sido usurpada por la Banca Privada, que precisamente recurría a la emisión de crédito para paliar la falta de liquidez de personas y empresas, eso sí, cobrando intereses que en muchos casos representaban un incremento ficticio de valor. Dicha emisión de “pagarés”, jugando un papel de moneda local, podría ser realizada por el Gobierno de España o, en su defecto, por Comunidades Autónomas o Municipios sin necesidad de generar una unidad distinta de moneda (su valor podría estar referido en euros, de modo que no sería necesario “resucitar” la peseta).

    Para su viabilidad haría falta dos condiciones:
    1) Un compromiso social, como expresión de afirmación de soberanía democrática, de modo que la colectividad concernida acepte dicha moneda local o “pagaré” como medio de pago.
    2) Que la emisión de tal moneda local se oriente a la movilización de fuerza de trabajo generadora de valores de uso reales.

    Habría que hacer también dos precisiones:
    1) En la medida en que la circulación de dicha moneda local o “pagaré” esté circunscrita al ámbito correspondiente a la misma, y salvo acuerdo entre partes (como, por cierto, funciona en la CES) habrá que seguir utilizando una moneda global como el euro para los intercambios exteriores, y por tanto habrá que procurar el equilibrio de la balanza comercial externa, de modo que la producción y exportación de bienes permita la obtención de moneda global para la importación de otros.
    2) Dado que tales “pagarés” tendrían consideración de deuda pública, aunque fuera a interés cero, su cubrimiento tendría también prioridad absoluta de acuerdo con la nueva redacción del artículo 135 de la Constitución Española que proclama que “/Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta/”. En otras palabras, si se utilizan “pagarés” para sostener servicios públicos como educación o sanidad, la atención presupuestaria de los mismos no tendría por qué estar relegada respecto del pago de las deudas a la Banca Privada.

    De este modo, la actuación de las instituciones del Estado no sólo sustituiría a la Banca Privada como prestataria, sino también como cobradora de deuda. Que ello requiere la puesta en pie de una potente Banca Pública es, naturalmente, una conclusión lógica.


    Rafael Pla-Lopez

  4. Cambiar la política de la Europa de los mercados, pasa irremediablemente por los ciudadanos dispuestos a luchar por frenar la conducta criminal de los tecnocracias que nos llevado a la ruina social-economica.

  5. Es el camino de la dignidad. Si se pliegan a las normas, hechas por ellos y para su propio provecho, hemos perdido todos y por consiguiente la salida del euro única.
    Como Inglaterra no puede estar en una unión con Alemania porque ni uno ni otro aguantan normas que haya impuesto el otro, esa Europa siempre estará coja.Si añadimos que Alemania no renunciará a impartir SUS DERECHOS Y OBLIGACIONES en el Continente, se hace insoportable su prepotencia..está claro que no acepta una Alemania europea y sí una Europa Alemana.¡¡Con dios germanos!!

  6. Después de explicar las ventajas de salir del euro, habría que dedicar un tiempo a explicar los inconvenientes, los costes para la población. Un banco propio, una moneda propia sin más, no garantizan nada en absoluto. Y eso sin tener en cuenta la necesidad de tirar por la borda toda la ilusión que en su momento se puso en una Europa unida y libre de guerras fratricidas.

  7. El euro ha sido una invasión planificada, en vez de con tiros, con monedas. Es muy complicado salir de ella con los gobiernos que tenemos, sean quien sean que manden, empleados de la oligarquía, y por tanto en contra de los intereses generales.
    Aun con la voluntad de nuestros gobiernos a favor, creo que se haría necesaria una transición con dos monedas. compatibilizar el euro con la moneda nacional. Pero lo primero es tener a nuestros gobiernos a favor, y para eso debemos retrotaernos a sus causas, a los fundamentos de esta invasión, nuestro sistema democrático. Con las elecciones se nos presenta una buena oportunidad para ir minando esa voluntad política que siempre es contraria a los intereses generales. Poner las bases de una democracia segura y al servicio de la sociedad, cosa que hasta ahora no ha ocurrido.

    Votar en Blanco
    ESCAÑOS EN BLANCO http://escanos.org

    El Voto en Blanco es el mecanismo que dispone este sistema democrático, de limpieza y regeneración. Restablecer lo que deberían ser sus valores iniciales.

    El Voto e Blanco no renuncia al sistema democrático, es un mecanismo de participación política, dentro del sistema, que lo protege de la corrupción, haciendo borrón y cuenta nueva. Como diríamos en el argot informático ‘reseteando el sistema’. Y por tanto, es una participación política activa dentro del sistema, a diferencia del Voto Nulo, o la Abstención que rechazan el sistema, o muestran indiferencia o desafección a la participación política.

    Dentro de este sistema corrompido, es la única acción democrática posible, que escapa al control de aquellos que tienen secuestrada nuestra democracia, y por tanto, secuestrada la soberanía popular.

    Cuando las bases están corrompidas de este modo, nada es salvable con esos fundamentos democráticos. A partir de ahí, cualquier propuesta o alternativa política, solo sirve para perpetuar la corrupción y el engaño. Nada puede garantizar su fiabilidad.

    El Voto en Blanco no significa vacío de poder o ingobernabilidad, sino deslegitimación del poder existente, con el propósito de establecer unos principios democráticos, hasta ahora inexistentes, que garanticen la plena soberanía popular. También hemos de recordar que NO estamos ante un problema de mala o desacertada gestión de nuestros gobiernos, sino de gobiernos que gobiernan acertadamente contra la sociedad. Mejor estaríamos sin gobierno, pero no es el caso. El Voto en Blanco, el vacío que dejase en el parlamento, antes de llegar a su ingobernabilidad, desligitimaría de tal modo el poder establecido que, obligaría a cambiar las reglas del juego democráticas, en base a establecer una democracia real.

    Esta acción social en las urnas, no solo sirve para cambiar las reglas democráticas institucionales, sino también exige a los propios partidos en sus democracia interna. De este modo, quienes de verdad creen y sienten honestamente, que la oferta política de su partido es la mejor para toda la sociedad, Votar en Blanco es el camino, el primer paso, para que su partido adopte las reglas democráticas que lo hagan válido al servicio de todos. El Voto en Blanco no tiene ideología política, simplemente nos suma a todos en una necesidad común, la de no ser engañados ni estafados, para posteriormente diversificarse y poder aportar nuestra mejor opción ideológicas, siendo de este modo de utilidad y en beneficio del bien común.

    Aunque la ley electoral considera el Voto en Blanco, como la manifestación del ciudadano de NO ser representado en los parlamentos (es lo que se debe interpretar al rechazar cualquier oferta política), sin embargo, nuestros políticos gobernantes, en un acto más de indecencia y soberbia, de trasgresión al principio mas elementales de la reglas del juego, no respetan la voluntad popular, y se reparten entre ellos los escaños que los ciudadanos con su Voto en Blanco deciden dejar vacíos. Por eso, se hacia necesario crear un partido político que respete esa decisión. De este modo, ESCAÑOS EN BLANCO http://escanos.org se constituye como partido político, sin ideología, sin programa político, con esa única finalidad, de dejar el escaño vacío, en tanto no se respete, o no sea computable el Voto en Blanco, y con la excepcional aportación de que renuncia a toda asignación económica a la que se tiene derecho por cada escaño. No solo nos permite avanzar con pasos firmes, en el establecimiento de una democracia con plenas garantías, por el único camino posible, que es desmantelando primero, sino qué quienes votamos esta opción, tenemos también la plena satisfacción (cosa que lamentablemente no ocurre con el voto en blanco, ni con el nulo y la abstención) que por la parte que nos corresponde, nadie se va a repartir indecentemente nuestro dinero público.

    A los partidos minoritarios les es tan necesario o más, unirse por una vez, en esta acción. En los parlamentos sufren con especial injusticia la dictadura de las mayorías, teniéndolos desaparecidos, con unos porcentajes de representación mínimos, abusivos e injustos. Votar ahora a ESCAÑOS EN BLANCO no significa, en absoluto, renunciar a sus ideologías, todo lo contrario, significa dar el primer paso que permita que un día, no lejano, puedan ser partidos con sus derechos plenamente respectados, y los de sus votantes, y puedan extender más sus propuestas, y sobre todo, beneficie a la sociedad en su conjunto, en una necesaria diversificación en la oferta política, y poder salir de ese modo, del monopolio de poder del bipartidismo. Por eso, especialmente a los partidos minoritarios les interesa por una vez, unirse de este modo para vaciar primero los parlamentos, deslegitimar de tal modo el poder existente, que no tengan mas opción que cambiar las reglas del juego, y de paso, ese dinero que les corresponde en justa representación, pero que ahora se llevan esas mayorías parlamentarias como auténticos trileros, nos lo ahorramos.

    Si en el lugar de votación no se encontrase la papeleta de ESCAÑOS EN BLANCO, Votar en Blanco (sobre vacío).

    Esta propuesta que defiende el principio básico y mas elemental de todos los ciudadanos, sin tintes partidistas ni ideológicos, nunca tendrá eco en los medios masivos de comunicación, todos en manos de los corruptos. La única posibilitad de divulgarse, es que corra por las redes sociales, y de boca en boca.

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  8. En la Europa del capital y ahora con la lanza del TTIP encima de nuestras cabezas, parece que salir del euro sea nuestra única posibilidad de luchar por nuestros derechos y dignidad. Así que como decían personas tan lúcidas como M. Camacho, o Julio Anguita, en el ámbito de la Europa de Mastrich sólo podíamos perder: donde nuestros productos fueran competitivos nos colocaban cuotas y en el resto no pintamos nada. Para el resto de argumentos -libre circulación ..pero sólo de capitales etc,-ya tenemos toda la información necesaria, así que no me alargó, sólo era una pincelada como recuerdo. Buena campaña!!

  9. ¡Aurrera!

    Teóricamente, es un buen artículo. Llevar a la práctica lo que propone, casi inviable salvo que previamente el neofranquismo reinante, con su terrorismo liberal sea neutralizado para bien de todos incluidos ellos mismos y sus descendientes.Y si esto no se quiere reconocer, apaga y …¿ Quien le pone el cascabel al gato?

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